REPECHAJE, OPORTUNIDAD QUE SE CONSTRUYE A PULSO

Mi primer artículo deportivo, luego de escribir de política en el diario La Prensa gracias a don Arturo Salazar Larraín primero y a mi amigo Luis Jaime Cisneros –el Maestro- después, fue sobre el fútbol, con ocasión de la XI Copa Mundial que se desarrolló en Argentina, entre el 1 y el 25 de junio de 1978. Yo tenía apenas 16 años y estaba seguro que iría por buen camino, igual que la selección de aquellos tiempos.

Rubén Lisigurski, Ricardo Uceda, Ismael Frías y mi Papá, me convencieron de seguir en temas políticos a pesar de mi fanatismo por Alianza Lima. Tuve por ellos, mi oportunidad, el repechaje, una forma de seguir peleando por mis ideales, sin perder esa única ocasión de lograrlo por mí mismo.
Exactamente eso le sucede a la Selección Nacional hoy en día. Ellos saben el objetivo, pero tienen que construir el rumbo sobre el cual aferrarse y para eso, nos necesitan.

Me siento como en 1969 cuando con dos tapas de ollas hacía ruido al chocarlas gritando Perú Campeón. Me siento tan entusiasmado como lo hice luego de viajar muchas horas en un tren abarrotado de gentes desde Alemania a España para intentar ingresar al estadio en la segundilla, el segundo tiempo, gratis y ser detenido por un Guardia Civil español que me dijo que eso de la segundilla, simplemente no existía en su patria. Así que con media docena de compatriotas igual de misios que yo, y dos radios a pilas, nos sentimos en la barra del aliento, gritando de nuevo Perú Campeón.

Esa emoción, hoy la he vivido nuevamente cuando Paolo el Guerrero clavó un gol en el rincón de las ánimas, al fondo de la redes. Sabía que alguien de mi equipo lo haría, nunca perdí esa fe deportiva que todos llevamos en nuestra sangre.
Por eso, el tiempo sólo se ha detenido unos minutos, pero la sed de gol, la angustia de la clasificación está aquí, latente, ardiente, vociferante, rebelde.

El equipo de todos, tiene en sí mismo la oportunidad que se construye a pulso, con humildad, con ejemplo. Hagamos de ese ejemplo una actitud de gol, con el aliento que se ha visto, en un país que lleva orgulloso su camiseta, su franja roja y blanca, su bandera y su esperanza.
Arriba Perú.

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