UN LÍDER SERVICIAL QUE PONE SU TAREA AL SERVICIO DE LA GENTE

La credibilidad y la transparencia también hacen que el líder sea testimonio de vida. Por ejemplo, el 16 de mayo de 2013, a través de twitter, dijo: “No podemos ser cristianos por instantes. Busquemos vivir nuestra fe en cada momento, cada día”.

Incluso en el libro “El Jesuita”, en el cual contesta las preguntas de Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti, el Papa señala el valor de la coherencia y nos deja una enseñanza sobre la pulcritud del líder: “…Yo me declaro católico pero no pago los impuestos. O engaño a mi cónyuge. O no le presto la debida atención a mis hijos. O tengo a mi madre o a mi padre colgado en un geriátrico como u sobretodo en un ropero durante el verano, con la bolsita de naftalina, y no lo visito nunca. O estafo: “arreglo una balanza” o un taxímetro para que marque más. Generalmente, cuando se habla de doble vida se la relaciona con una persona que tiene dos familias o un cura que tiene mujer. Pero doble vida es todo aquello que hace fraudulento el modo de vivir, los principios éticos que están en nuestro ser. En definitiva, el desafío ético, como el religioso, pasa por la coherencia entre los principios y la conducta”. Esa forma de ser se logra con la evaluación constante, lo que en el cristianismo se llama “examen de conciencia”.

Idoneidad, cumplimiento, sinceridad, son los factores de diferenciación en la gestión de este líder que es un estratega confiable, competente, comunicativo, intuitivo, autoreflexivo, con coraje y de carácter, quien durante estos años ha sabido ganar terreno construyendo ladrillo a ladrillo la confianza que se había perdido en los colaboradores de Benedicto XVI, entre ellos el cuestionado cardenal Bertone. Como se lo dijo Francisco a Elisabetta Piqué: “La Iglesia no crece por proselitismo, sino por la atracción del testimonio que damos al pueblo de Dios”.

En algún momento de 2015, al visitar Francisco los Estados Unidos, The Washington Post se refirió al “liderazgo desde la humildad”, que comunica su mensaje de liderazgo a través de la escucha (apertura del corazón), la preparación del mensaje, el modo de comunicar, adecuarse a los códigos del interlocutor y hasta utilizar el humor como recurso, ya que el líder también debe conocer el poder transformador de un buen lenguaje, incluso no verbal, como el que el Papa comunica a través de sus gestos, pues muchas veces, a quien gobierna lo están mirando más de lo que lo están escuchando.

Por otro lado, la autoridad del líder está en servir. Francisco ha dicho: “Proclamar que uno “tiene la manija” de algo implica que se dejó de tenerla. Y tener la manija no significa mandar e imponer, sino servir” y agrega: “Autoridad viene de augere, que quiere decir hacer crecer. Tener autoridad no es ser una persona represora. La represión es una deformación de la autoridad que, en su recto ejercicio, implica crear un espacio para que la persona pueda crecer. Alguien con autoridad es alguien capaz de crear un espacio de crecimiento. El término se desvirtuó, pasó a ser sinónimo de acá mando yo. Es curioso, pero cuando el padre o el maestro tiene que decir: “acá el que manda soy yo” es porque ya perdió la autoridad”.

Igualmente, Francisco, ejerce su liderazgo con vara de hierro y a veces, nos rompe con el vaso del alfarero con regaños que no pasan de un minuto. Las denominadas Reprimendas de un Minuto de las cuales hablan en los textos sobre liderazgo, las encontramos en el Papa, generalmente en sus catequesis de los miércoles en la plaza de San Pedro en el Vaticano, cuando nos explica si estamos haciendo las cosas en forma satisfactoria o no; pasa inmediatamente a reprendernos; detalla en lo que hemos fallado; nos dice lo que piensa sobre ello; se detiene y a veces guarda un instante de silencio profundo para manifestar así su disgusto; luego nos abraza para que nos demos cuenta que honestamente también está de nuestro lado siempre y cuando hagamos bien las cosas; nos recuerda el cariño que nos tiene y nos da a entender que cuando el regaño se acaba, hasta ahí llegó, sin segundas partes.

No obstante la distancia generacional, Francisco, con más de ochenta años genera empatía en todas las edades. Se da cuenta que en las organizaciones, muchas veces conviven entre tres y cuatro generaciones y busca evitar los conflictos entre quienes las conforman. Así, puede hablarle a los jóvenes, como lo hace en la Jornada Mundial de la Juventud; a las familias, como lo hizo en Amoris laetitia; a los pares mundiales cuando señala en Naciones Unidas, ante el Congreso de los Estados Unidos, o ante el Parlamento Europeo y el Consejo de Europa la necesidad de proteger la Casa común, que encuentra despliegue en su encíclica Laudato si.

En Francisco se reúnen además las características de ser un líder servicial que pone su tarea al servicio de la gente; un líder comunicador que sabe hablarle a todas las personas; un líder que evoluciona, pues cambió de la lejanía a los medios desde su labor en la Arquidiócesis de Buenos aires, a una persona que se adaptó incluso a las TICs, las redes sociales y las entrevistas; un líder confiable, que a su vez confía en quienes hacen parte de su “empresa” y, un líder que sabe reconocer el trabajo de los demás; un líder inclusivo, que acoge a la periferia existencial (Cuando cumplió 77 años invitó a cuatro mendigos a su casa para celebrar con él); un líder que ha retirado de su lado a los colaboradores contaminados que continúan apegados a viejos hábitos (por ejemplo los cardenales Bertone y Müller, o al obispo alemán que dilapidó 31 millones de euros en construir su palacio episcopal); un líder que construye puentes y derriba muros; un líder que ha criticado a las grandes corporaciones que recogen fortunas en beneficios mientras despiden a miles de trabajadores; un líder anti codicia y anti inequidad; un líder que es capaz de enunciar una visión y lograr que otros la concreten; un líder que desea una sociedad más inclusiva en todos los niveles; un líder que inspira y motiva a sus seguidores; un líder reformador de la globalización; un líder que quiere descentralizar la toma de decisiones, como ocurrirá cuando expida la nueva Constitución Apostólica Pastor Bonus con el apoyo del C-9, ese grupo de nueve cardenales que lo asesora; un líder que busca nuevos caminos para encontrarse con sus pares y “no clientes” y evitar así el aislamiento; un líder que conduce a personas; un líder, positivo y eficaz, que como san Josemaría Escrivá, dice: “Para servir, Servir”.

Pero, que quede claro un concepto, para lo cual me apoyo en Jeffrey A. Krames: la retórica del Papa no es opuesta a los negocios: “Los negocios son una vocación, y una noble vocación, cuando los que se dedican a ellos se sienten desafiados a darle un mayor sentido a la vida; esto les permite servir al bien común al buscar incrementar las mercaderías de este mundo y hacerlas más accesibles a todos…”.

Francisco ha sabido afrontar malos tiempos en la Iglesia, herencia de sus antecesores y, como dice Peter Drucker: “El liderazgo es el trabajo en climas tormentosos”; de eso sabe el Papa y su humildad inspiradora debe ser el ejemplo más evidente para formar a quienes asisten a las escuelas de negocios.

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