EL LOCO DE LA AUTOPISTA (ESPAÑA A CONTRACORRIENTE)

El mundo entra en una fase interesante y prometedora. El viento de la historia da señales de estar cambiando de dirección. Putin en Rusia (desde hace unos años), Trump en los EEUU, tal vez pronto Marine Le Pen en Francia, Viktor Orban en Hungría, la UDC en Suiza… La lista no es exhaustiva. Pero, mientras que en los demás países aparecen nuevas formaciones políticas de signo adecuado a las actuales situaciones, en España lo que aparece de repente en el panorama político nacional es… ¡Podemos!

Las bases del sistema sobre el cual se asienta nuestro mundo occidental, sobre todo en Europa, se está resquebrajando, por efecto de los temblores que las están sacudiendo. Las paredes ya presentan grietas, el techo tiene goteras, las ventanas están rotas… Los inquilinos del edificio Unión Europea manifiestan malestar y descontento, las condiciones de habitabilidad y confort de la residencia ya no están a la altura de las promesas con las que se inauguró en su día, en medio de un optimismo y un entusiasmo que los acontecimientos posteriores no han justificado.

La UE es un fracaso, no cabe duda. Está seriamente tocada, tal vez herida de muerte. No importa lo que dure todavía: es inviable y acabará pronto. Dentro de poco será un mal recuerdo. Pero no sólo es la UE, sino el conjunto de Europa. Noruega y Suiza no forman parte del club, y aún así no se libran de los males que afectan a sus vecinos, y sin estar sometidas a Bruselas sufren de similares situaciones. Tampoco con su salida de la UE, Gran Bretaña ha solucionado nada, de momento, de los problemas que la aquejan. Las soluciones vendrán de aquí en adelante. Hay que abandonar la UE (o no entrar en ella), pero ese paso es solamente un punto de salida, no una meta en sí.

Los graves problemas que afectan al conjunto de Europa no son solucionables dentro de esa asociación. Por el contrario, esas dificultades son causadas y agravadas por la tiranía burocrática y la dirección antidemocrática de esa nefasta organización, una auténtica máquina de destruir naciones y arruinar pueblos.

Poco a poco, el descontento que recorre Europa irá desplazando a las actuales élites gobernantes para reemplazarlas por gobiernos soberanistas, nacionalistas patrióticos… Es la tendencia general que vemos despuntar en el horizonte y afirmarse en el espíritu de un número cada vez mayor de europeos.

Los únicos realmente beneficiados en la organización actual europea es la casta política y financiera que está detrás de todo esto y el ejército de peones y domésticos entregados a su servicio.

Podemos, por lo tanto, mirar el futuro con un cierto optimismo, con la esperanza de que nuestros males pueden ser afrontados con posibilidades de éxito, siempre que empecemos por salir de esta comunidad política, que ha fracasado en su misión de hacernos más prósperos, más libres y más felices. No será fácil, pero tampoco imposible. El ejemplo de Gran Bretaña es la prueba irrefutable de ello.

Fuera del alcance de esas proyecciones halagüeñas y promisorias que se despliegan ante los pueblos europeos, queda de momento España. Para no perder la costumbre, llevamos con respecto de las tendencias de nuestros vecinos, bastante retraso. No es necesario enumerar los puntos en que se asienta ese retraso, ya que están a la vista. Aquí se grita, se gesticula y se excita el personal como en ningún otro sitio, pero por motivos de baja politiquería, agotándose en vanos debates de porteras, en polémicas de peluquería, en análisis de vermut y tapitas, en discuciones de mercadillo…

Nada indica que España vaya a sumarse en breve a la corriente general que recorre Europa de un extremo a otro. Si quedamos al margen, y todo apunta en esa dirección, al mismo tiempo que otros países empiecen a acometer en serio los problemas de la invasión migratoria y sus consecuencias, nosotros nos hundiremos más y más.

A medida que se vayan imponiendo en Europa medidas contrarias a la inmigración (cierre de fronteras, deportaciones, restricciones a la circulación, corte de subvenciones a la colonización que sufrimos…), a medida que vayan implantándose políticas crecientemente restrictivas a la inmigración, a medida que los destinos preferidos de esa inmigración se vuelva inalcanzables, España, situada al margen de la corriente general, quedará como destino obligado de los candidatos al Eldorado europeo. A falta del pan que los otros europeos le negarán en algún momento a todos esos inmigrantes y refugiados, buenas serán las tortas que les ofreceremos aquí.

Veremos entonces llegar a nuestras puertas todos los que vengan devueltos de “arriba” para sumarse a los que se presentan esperanzados por “abajo”. Si de momento los inmigrantes que recibimos llegan directamente del Tercer Mundo, pronto se abrirá una segunda vía de entrada desde la propia Europa. Los rechazados, los expulsados, los que no pueden aspirar ya a alcanzar Alemania, Suecia o Francia, se habrán de contentar con destinos anteriormente menos atractivos y rentables, como España. Cualquier cosa será mejor que regresar a Somalia, Eritrea o Paquistán…

España todavía no ha conocido de verdad las alegrías, beneficios y bendiciones de la inmigración. Pronto será colmada. Porque cuando esto ocurra, y eso no es dudoso, España tendrá a gala acoger con los brazos abiertos a todos los parias de la tierra, orgullosa de haberse convertido en un remanso de tolerancia y buen rollo en medio de una Europa de nuevo entregada a sus demonios históricos: el rechazo del “otro”, el racismo, el fascismo, el nazismo…: el estribillo de siempre.

España sufrirá el contagio inevitable de lo que ocurra a su alrededor, pero no iniciará nada por su cuenta. La corriente nos arrastrará, pero no será porque nos incorporemos de buena gana a ella. La explosión que estallará en Europa tarde o temprano nos alcanzará, es inevitable, pero seremos durante mucho tiempo todavía una masa inerte a merced de la ventolera que se avecina. Nada decisivo se gestará ni tendrá por escenario determinante España. Lo importante se decidirá allende los Pirineos. Nosotros seguiremos estando en la periferia de las tendencias generales que ya se están imponiendo y que se fortalecerán pronto en todo el continente. Por ahora vamos en sentido contrario a la marea que se está levantando en Europa de norte a sur.

Terminaremos como el loco de la autopista: yendo en la dirección equivocada y pensando que los locos son los que vienen de frente.

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