GRAÑA, MONTERO Y LOS MALDITOS DE ODEBRECHT

La Policía del Perú es muy particular cuando se trata de identificar a una banda de criminales, porque son bastante creativos para ponerles un nombre –como organización delictiva por supuesto- a fin que los ciudadanos sepan de quiénes se trata.

Así, le ponen Los malditos de Chiclayo a los que operando en esa localidad, se dedican al robo y secuestro. También bautizan como Los sanguinarios de Bayóvar a quienes asesinan por encargo en esa zona de Lima.

Pero de un tiempo hacia la actualidad, se han quedado entre Los malditos y Los sanguinarios, porque debe haber no menos de 30 bandas que se repiten con ese apelativo y no creemos que sean subsidiarias del crimen no tan organizado.

Si hacemos por eso un paralelo con el tema Odebrecht, tendríamos que pedirle a la Policía del Perú que nos diga si a las empresas consorciadas que son cómplices en los escándalos de corrupción, sobornos, lavado de activos y quien sabe algunos otros delitos más graves aún, les podríamos decir también Los malditos de Odebrecht, porque en opinión de muchísimos peruanos, se lo merecen.

Si bien el derecho a la inocencia exige la demostración de culpabilidad en un proceso judicial, también es cierto que el inicio de una investigación fiscal obliga a efectuar acciones preventivas para evitar la desaparición de pruebas, el cambio de documentos, borrar archivos secretos, trasladar cuentas y fondos a otras personas o destinos y en suma, a limpiar el delito y maquillar un nuevo rostro.

Por ejemplo, si Los sanguinarios de Bayóvar publicaran un comunicado en algunos medios, diciendo que encargaron pruebas balísticas a una organización subversiva de Siria o Irak, para demostrar que sus armas no dispararon ninguna bala asesina, seguramente nadie le daría crédito a esa versión de parte. Sería lógico que un cártel criminal sirio, del ISIS, proteja a su cliente. Nada que dudar en esta suposición.

Pues bien, todo indica que nos quieren agarrar de tontos a todos los peruanos en lo que corresponde a una empresa en particular, presentándola como santa, cuando fue pecadora.
Así como hoy día queremos que gane el Perú, mañana también queremos que siga ganando el Perú, pero goleando a la delincuencia de cuello y corbata.

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