LA APLANADORA NARANJA

De no ser por el tema del fútbol y el caso de Paolo Guerrero, que han hecho que los peruanos nos unamos como cuando lo del Niño Costero hace unos meses, creo que los conflictos políticos que se viven hoy hubieran llegado a niveles tensión a los que nunca antes se había llegado.

No podemos tapar el solo con un dedo: Tenemos un presidente que no muestra el liderazgo que los peruanos esperamos y que derrocha mucha impericia y falta de tino en muchísimas ocasiones; un Poder Judicial corrupto cuyo presidente es un figureti sin pergaminos que no ha hecho nada para mejorar a este poder del estado; un Ministerio Público muy cuestionado por su lentitud y ausencia de criterios comunes, por decir lo menos, y cuyo ejemplo vemos en la investigación de los casos emblemáticos de corrupción; un Tribunal Constitucional también muy cuestionado por el nivel delincuencial de algunos de sus miembros y un Defensor del Pueblo que no defiende a nadie.

Pero, por sobre todas las cosas, un Congreso Nacional que es una aplanadora fujimorista que día a día se desprestigia más. Ni hablar de “la lideresa”, que solo se manifiesta a través de redes sociales y cada vez que lo hace muestra un tono agresivo, amenazante, con una expresión de amargura, resentimiento y odio, supongo que hacia los peruanos que no votamos por ella.

Vamos a los hechos:

La desafiante y poco inteligente actitud de la Comisión Lava Jato hacia el presidente Kuczynski, que finalmente, conseguirá lo mismo que la famosa Megacomisión del Congreso anterior que investigó a Alan García. Es decir, nada, fuera de los millones de soles gastados por gusto. A esto debemos sumar la lamentable interpretación auténtica de la Comisión de Constitución, presidida por la señora Úrsula Letona. Además, está la subrepticia amenaza de acusación constitucional al presidente, una vez terminada su gestión.

La también aberrante acusación constitucional al Fiscal de la Nación, sin considerar que no está entre las atribuciones de este, ordenar la investigación a empresas ni a particulares sino solo a jueces, otros fiscales y a funcionarios del Estado en ciertas situaciones (artículo 66 de la ley del Ministerio Público). Pero ¿qué se puede esperar de un cerebro como Daniel Salaverry? Aunque lo nieguen, hay mucha evidencia de que esta denuncia es una represalia por la reapertura de la investigación a Joaquín Ramírez, su padre putativo y a Keiko Fujimori.

La torpeza, por decir lo menos, de Luis Galarreta, presidente del Congreso, quien pidió boicotear la publicidad a la revista Caretas, al más puro estilo montesinista. Y recientemente, “la lideresa” amenazando al diario El Comercio con una denuncia penal por difamación. No podemos olvidar tampoco la otra amenaza que hizo la señora Fujimori el mes pasado a la Fiscalía, flanqueada por todos sus esbirros, cuando ella decidió establecer y determinar los límites de lo que debe ser una investigación.

Los denominadores comunes de todas estas acciones son la amenaza, la agresión, la prepotencia y la intimidación. Sin mencionar los insultos a los que nos tiene acostumbrados el señor Héctor Becerril.

Y esto, desgraciadamente, es lo que hacen los que carecen de ideas y argumentos. Debemos, entonces, estar preparados para cosas peores.

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