AL CONGRESO NO, A CADE SÍ

En algunos momentos de la vida, tenemos derecho a expresar nuestro enojo, nuestro malestar, sobretodo cuando lo incomprensible reemplaza la razón.

Semanas atrás pensé que la citación al señor Presidente de la República por una comisión congresal era improcedente, algo así como un atrevimiento de parte el Congreso. Me puse a revisar la legislación y también, les consulté a cronistas parlamentarios y abogados especializados en tema constitucionales sus opiniones. El equivocado era yo y también, el señor Presidente.

No sólo puede y debería  ir al Congreso de la República, sino que, por la importancia de su cargo, los señores miembros de la Comisión, también pueden ir a Palacio de Gobierno para brindarle las máximas garantías de respeto y confidencialidad si así lo desea.

Esto que les resumo, ya ha pasado antes, no es algo nuevo, no es ni majadería, ni obstinación.

La imagen de un Presidente no se afecta si demuestra que el orden jurídico de la nación él lo representa mejor con su ejemplo, su palabra y la verdad por encima de todo. En este sentido, el propio presidente está generando una controversia inaceptable, que en mi opinión, constituye una probable evidencia de responsabilidad más allá de lo hechos por los cuales debe responder.

Sin embargo, a un evento privado de convocatoria pública como la Conferencia Anual De Ejecutivos, que parecía haber cambiado la E para llamarse en su reemplazo del Estado, por la numerosa delegación de burócratas asistiendo, fue presuroso, puntual y premunido de una portátil compartida  días atrás con alguno de sus ministros.

El señor Presidente le decía de esta forma al Congreso de la República que no, pero a la CADE le respondía que sí, allí estoy, justo cuando los peruanos somos testigos de un bochornoso caso que compromete a personajes de las más importantes empresas del Perú, involucradas en el mayor crimen de corrupción en este siglo.

Al Congreso no, a CADE sí. Esta escena me indigna, me irrita porque es un menosprecio a la institucionalidad, al equilibrio de poderes en un país que necesita demostrar funcionamiento delante de las leyes y no lo que a cada uno le dé la gana, sea por dinero, sea por soberbia, sea por lo que sea.

Por estos hechos, siento un profundo temor de sospechar que el presidente oculta mucho, en beneficio de pocos, no en bien de lo peruanos. Esta vez, creo que la razón está cada día más a mi lado.

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