EL CASO LAVA JATO: UNA MALDICIÓN

El caso Lava Jato, que involucra a políticos, funcionarios y empresarios que recibieron sobornos a cambio de licitaciones de proyectos de infraestructura, sin duda, está removiendo los cimientos de nuestra débil democracia y de la pobre institucionalidad política en la que vivimos, por decir lo menos.

Gracias a la “delación premiada”, que beneficia a los delincuentes involucrados en actos ilícitos, con rebaja de las penas a cambio de información verdadera que permita conocer más sobre una investigación, es que nos estamos enterando del nivel de podredumbre en el que se encuentra nuestro país, y otros más también.

Lo curioso, en el caso de Perú y con respecto a este escándalo, probablemente el más grande de nuestra época republicana, es la notoria diferencia de criterio con la que actúan nuestros fiscales y jueces con respecto a los involucrados, pero muy especialmente, con la que actúan y reaccionan los partidos políticos, sus líderes, partidarios y allegados.

Mientras que por un lado la Izquierda abandona a su suerte a una “austera” Susana Villarán, porque “nadie sabe nada”, por otro lado, la expareja presidencial se encuentra presa sin que exista denuncia. El expresidente Toledo se encuentra fugado del país sin visos de que pueda regresar y Alan García, con un ego más grande que el Cristo del Morro Solar, se muestra dispuesto a declarar a cuanto fiscal o comisión lo requiera. PPK es más cauto y prefiere declarar de manera escueta, lo cual, dada su investidura, podría ser un grave error. El alcalde Castañeda, como siempre, mudo. Por último, la mototaxi, cual aplanadora, trata de debilitar a la Fiscalía para evitar ser investigados.

Sin conocer de leyes, entiendo que todos estos casos y otros muchos más a nivel regiones y municipios, son diferentes y tienen muchas aristas, cuyo denominador común es la palabra corrupción. Nada hasta ahora, creo, ha sido demostrado o comprobado y nadie ha sido sentenciado.

El Ministerio Público y el Poder Judicial, con todas sus carencias, limitaciones, torpezas e incompetencia, tienen una responsabilidad histórica por delante y merecen todo el apoyo del Ejecutivo y el del resto de peruanos. Seamos pacientes y dejémoslos hacer su trabajo. El Poder Legislativo, ya lo sabemos, no va a contribuir, va a obstruir.

El Congreso debería liquidar a ese mamarracho de Comisión Lava Jato, que no es más que un circo y que no aporta ni aportará nada, tan solo figuretismo a sus miembros. Personajes como Yeni Vilcatoma, quien parece ser la única dueña de la verdad y que emite juicios y sentencias por encima del Poder Judicial, y otros como Héctor Becerril o Luis Galarreta, harían bien en quedarse calladitos y respetar la independencia que tienen los otros poderes e instituciones del Estado. Respecto a Rosa María Bartra, si tanta desesperación tiene por conocer el Palacio de Gobierno, ¿por qué no la invitan a un tour como lo tuvo Kenji hace poco y asunto resuelto?

El Caso Lava Jato llegó como una maldición: Polarizó al país, detuvo importantes inversiones y desenmascaró a nuestra pobre clase política y empresarial, entre otras muchas calamidades. Esperemos que, con la colaboración eficaz del delincuente Jorge Barata, la Fiscalía y el Poder Judicial, puedan hallar la verdad y sancionar de manera ejemplar, de acuerdo a ley, a quienes corresponda, caiga quien caiga.

¿Suena ingenuo verdad? Sí, porque seguramente y como siempre, caerán solo los cabezas de turco y lornitas, mientras que a los verdaderos bribones no les pasará nada, porque esa es la historia del Perú.

Sinceramente, ojalá los peruanos aprendamos la lección para que nunca más tengamos otro Lava Jato.

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