EL MENSAJE DE CARHUANCHO

Para todo país es doloroso que sus élites políticas, económicas, sociales y empresariales sean descubiertas en actos de corrupción en contra del Estado. Pero más peligroso es que tales actos queden en la impunidad. Por eso debemos saludar entusiastamente la sentencia del juez Richard Concepción Carhuancho de ordenar 18 meses de prisión preventiva contra los exrepresentantes de las empresas consorciadas con Odebrecht en el escándalo Lava Jato,

Jurídicamente es impecable la sanción contra quienes fueron los principales directivos de Graña y Montero, JJ Camet e ICCGSA, socias de la brasileña Odebrecht en la ejecución de los tramos II y III de la Interoceánica Sur. Sobre la gravedad de la materia que sustenta la dureza de la decisión (sin que se adelante juicio definitivo) la defensa respectiva no ha podido demostrar la inexistencia de un pacto colusorio imputado por la Fiscalía para sobornar al expresidente Toledo con US$ 20 millones en el caso de la Interocéanica Sur. Y en relación con algunos de los sentenciados tampoco han podido desvirtuar el presunto lavado de activos.

La gravedad de la pena se explica porque existe la probabilidad razonable de que los investigados pretendan eludir la justicia; y el simple arraigo en el Perú “no sería de una calidad plena”, más aún si algunos tienen doble nacionalidad.

Así, el juez Carhuancho ha dado un mensaje extremadamente valioso al demostrar que la administración de justicia está mejorando sustantivamente, al no permitir privilegios en razón de la naturaleza de los sentenciados, miembros de la élite más reputada de un empresariado que hasta hace poco era admirado por su aparente trayectoria de rectitud. Queda claro que frente a la justicia nadie tiene corona y eso es estupendo.

La Fiscalía con su tardía solicitud de la prisión preventiva en algo se reivindica, pero queda en claro que todas las medidas recientes en este caso –así como en el de la Villarán– son consecuencia directa del apretón que le está pegando el Congreso al fiscal supremo Pablo Sánchez.

Por lo demás el fuerte y claro mensaje del juez Carhuancho debe ser escuchado por los conglomerados mediáticos que han tratado de blindar la corrupción manipulando a la opinión pública. Y también el presidente de la República debe entender que su propia situación –de presuntos vínculos con la corrupta Odebrecht– podría llevarlo a un extremo de vacancia si los indicios que se van multiplicando llegan a demostrarse.

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