LOS MALECONES Y ACANTILADOS MIRAFLORINOS, EL PELIGRO QUE NO SE VE

Algunos chovinistas pretenden que los malecones queden tal cual están, a pesar de que, en varios sitios, dan constantes muestras que van perdiendo espacio por efecto de los derrumbes. Las geo-mallas han servido de algo como protección a los vehículos que circulan por la Costa Verde, pero, realmente, de muy poco como contención. Cada cierto tiempo, vemos que las veredas de los malecones se van resquebrajando e inclinándose hacia el acantilado. En estos precisos momentos está sucediendo en la parte que corresponde al parque Domodosola.

No es el Estado -ni por medio del gobierno central ni por sus gobiernos municipales- el llamado a detener este inexorable avance del acantilado en contra de los malecones, sino la empresa privada, debidamente regulada. Lo que los chovinistas están protegiendo es una franja marrón, de vez en cuando reverdecida, pero ni siquiera lo suficiente para mantener el nombre de Costa Verde, que no aporta nada al paisaje o el sostenimiento de la zona.

Lo que debe hacerse en esos acantilados es construir edificaciones, entre las cuales se albergue cocheras, centros comerciales, hoteles y viviendas que no sobrepasen el nivel de los malecones para no interrumpir la vista hacia el mar, pero que fortalezcan los acantilados y detengan los derrumbes antes de que estos crucen las pistas y alcancen a las casas y edificios.

Los techos de esas construcciones deben quedar para uso público-privado y, de ninguna manera, ser exclusivos para los establecimientos o vivienda que se construyan, habilitando espacios para los diferentes deportes, como también para teatros al aire libre, dándole un aspecto moderno, deportivo y cultural, en los que pueden convivir espectáculos de pago con los gratuitos para así colaborar con sostenimiento tanto de los mismos acantilados y malecones como de las playas del litoral, las cuales, dicho sea de paso, deben contar, al igual que todos los lugares públicos, con un aforo máximo.

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