¿POR QUÉ NOS SORPRENDE LA INMIGRACIÓN ILEGAL?

El Presidente Donald Trump dio declaraciones enfurecidas especialmente contra Honduras, El Salvador y Guatemala porque en un momento de frustración dijo que no hacen nada para detener la inmigración ilegal hacia los Estados Unidos.

Su reacción se debe a que Edwin Jackson, defensa del equipo de fútbol americano Indianapolis Colts y su conductor de Uber, murieron por culpa del guatemalteco Manuel Orrego Savala, inmigrante ilegal que los atropelló estando en estado de ebriedad en Atlanta. Y como este, tantos otros accidentes. Por no hablar de los asesinados por inmigrantes hispanos en tantos destinos de los Estados Unidos.

El tema de los inmigrantes es delicado, pero mi punto es entender que si a nuestros países viene alguien en similares circunstancias y asesina al hijo de un connacional, es típico comportamiento humano generalizar. Es casi el primer impulso. Conforme pasan los días se diluye el sentimiento, en mucha gente, como se diluyó en el Presidente Trump cuando días después llamó al Presidente de Guatemala un amigo y a Guatemala un aliado.

Los inmigrantes dicen que los Estados Unidos es grande por ser una nación de inmigrantes. La verdad es que es grande por los principios establecidos por Adams, Lincoln, Washington, Jefferson y demás padres de esa patria. Fueron ellos los que sentaron las bases legales sobre las cuales a los ciudadanos les dicen “esta es la lista de lo que no puede hacer” y todo lo demás es permitido. Fueron ellos quienes establecieron las bases para vivir en esa sociedad libre y soberana. Establecieron el inglés como idioma oficial, inculcaron patriotismo y respeto a sus leyes.

Los inmigrantes que fundaron esa nación tenían una visión distinta del país de la que tienen los nuevos inmigrantes. El orgullo patrio era real, no como hoy.

Ahora se ejemplifican en gente como Linda Sarsour, inmigrante árabe que insultó al Líder Demócrata del Senado, Chuck Schummer (de New York), defensor de DACA, hispanos y árabes, por ser blanco (casualmente, es judío). Así le agradece.

Como guatemalteca, no me gusta que vengan a mi país a cambiar mi idioma, mi comida, mi cultura (que ya es suficientemente variada), y mi forma de vida.

Si quieren vivir en Guatemala, que aprendan español, a comer frijoles y tortillas con sal, y que respeten nuestras costumbres. Creo por ende que los gringos, cariñosamente, tienen derecho a proteger su país sus hot-dogs, su baseball, su inglés y su Thanksgiving.

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