CRISIS DE FE

Hay personas que tienen mucha fe en Dios, pero así como el amor en una relación de pareja pasa por varias fases, asimismo, una persona puede tener dudas, inseguridades y momentos de distanciamiento espiritual. 

Esto se conoce como crisis de fe. Un momento difícil donde cargamos con el peso de las dudas y las inseguridades en relación con la fe y nuestra confianza en Dios.

Confianza en Dios que en muchos casos perdemos al no lograr u obtener algo. Nos preguntamos muchas veces si Dios nos abandonó, sin darnos cuenta que simplemente estamos vivos por Él.

Hay momentos en los que como consecuencia de una crisis de fe, una persona también puede cambiar su percepción de la espiritualidad llegando a ser escéptica. 

Es ese instante donde experimentamos una fuerte batalla interior en la que se debate entre la duda de saber qué camino seguir.

Una crisis de fe no tiene que ver solo con un sacerdote o una monja. Cualquiera de nosotros puede sentir en determinado momento un descontento personal con Dios.

Ahora bien, cuando pasamos por este trance, no tiene que ser negativo aunque duela mucho. De hecho, como periodo de crisis, es especialmente ideal para la búsqueda y la reflexión. En las crisis también hay oportunidades.

La crisis de fe nos deja una marca, una huella emocional, esto es inevitable. Pero esa marca o huella nos permite reencontrar ese camino hacia la paz interior que necesitamos para vivir tranquilos.

Sea cual sea tu Dios, sea cual se tu creencia, no necesitas mirar al cielo para encontrar a ese Supremo. El Supremo está en cada uno de nosotros y aunque siempre nos salimos del camino espiritual, tarde o temprano Él nos hace regresar.

La crisis de fe es superable hasta el punto de fortalecer la propia confianza en Dios. Para ello, la vida misma nos da las señales que necesitamos para nuestra evolución. La fe es una ellas. Está en nosotros descifrarla.

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