LA PERVERSIÓN DE UNOS, NO OBLIGA A TODOS

No estoy obligado a pensar o a defender lo que unos cuantos quieren imponer a la sociedad para destruir su esencia y los valores que la conforman. Nadie tiene el derecho de decirme que puedo oficializar, hacer valer más que el orden natural y las propias leyes de mi patria, un absurdo por el cual podría decir el lunes que no soy lo que soy y el país entero, tendría que  respetar esa decisión personal, sino estaría siendo discriminado. Y tal vez, el martes decida ser otra cosa o me ponga una definición temporal y el registro civil tendrá que aceptarlo y así, sucesivamente.

Aquí, en esta columna, no voy a rendirme a la hipocresía de ser cauteloso para no molestar a los que quieren excluir  a los hijos, a los padres y a la sociedad en su conjunto, de los caminos que han construido nuestros antecesores, haciendo del matrimonio por ejemplo, un medio para la felicidad de la familia. Tampoco me voy a poner en el plan de negar que conozco gays y lesbianas, que siendo personas honorables, son diferentes en sus conductas y comportamientos a los gays y lesbianas que viven del escándalo y la promiscuidad atrayendo niños y jóvenes a conductas desagradables, impropias y perversas.

Mis amigos son hombres o mujeres que con defectos y virtudes –como yo- tratan de ser gentes de bien, personas respetuosas y respetables. O son hombres, o son mujeres, punto. No existen otros géneros y no tengo nada que discutirles si sienten que pueden verse atraídos por alguien del mismo sexo, porque entiendo que en temas íntimos no debo inmiscuirme y además, no hago ni escándalo de sus ideas, ni condena de sus pensamientos, mientras no traspasen la frontera del aprecio que nos debemos unos a otros.

Si alguien quiere malinterpretar mis palabras, no me interesa, no me lean. Simplemente estoy escribiendo lo que pienso y creo. Más de una persona –hombre o mujer- puede decirse gay, lesbiana, trans o lo que  quiera, ese es su problema o quizás su orgullo. No tengo porqué comprarme un tema ajeno que no es prioritario para mí, como sí lo es defender la vida del niño por nacer, defender la familia matrimonial en todo su ámbito –aun sobre el divorcio-, defender mi Fe y nuestras libertades.

El escándalo de lucir una perversión, el atropello sobre la niñez al violentar comportamientos que desnaturalizan el respeto, no ayudan a nadie que se dice excluido, al contrario, lo alejan de la posibilidad de ser entendidos, para pasar a la vereda del rechazo. Por eso, hay que ser muy claros al decir que la perversión de unos, no obliga a todos.

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