EL AMIGO INVISIBLE – INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Casi todos tenemos uno en el bolsillo. Interactuamos con él varias veces al día para múltiples propósitos, desde ver la hora hasta usar una compleja aplicación para predecir el tráfico y guiarnos por la mejor ruta posible hacia nuestro destino. El Smartphone es un objeto tecnológico que está revolucionando nuestra era y, desde su aparición, ha ido mejorando en sus capacidades y aplicaciones.

Ante un objeto multipropósito de esta naturaleza puede plantearse la pregunta sobre las consecuencias de su uso en las personas. Definitivamente, se han hecho muchos estudios sobre las incidencias sociales de este producto tecnológico; sin embargo, es necesario profundizar la inocuidad de una tecnología inserta en el Smartphone que puede pasar desapercibida fácilmente.

La inteligencia artificial, algo que hasta hace poco tiempo parecía propio de la ciencia ficción, está presente en aplicaciones de reconocimiento facial y de reconocimiento del ambiente en el que se toma una fotografía —en el caso de las cámaras—, mejoramiento del rendimiento de la batería, traducción idiomática, asistentes de voz, etc.

Lo que está sucediendo con el teléfono celular es la transformación de un objeto tecnológico pasivo a uno cada vez más interactivo, que permite entablar un diálogo entre dos seres, uno personal y otro que es un individuo cuya “caracterología” se forja en base a los gustos y necesidades de su usuario. Esta “personalización” del Smartphone llega al extremo de que cada vez más personas generan dependencia de él pues este empieza a cubrir ciertos vacíos en la existencia que evidenciaban soledad, inseguridad y, en algunos casos, la falta de habilidades sociales.

Los desafíos que plantea el uso de la inteligencia artificial son tantos como sus beneficios y la pregunta sobre su factibilidad reside en la persona misma antes que en el objeto. Es decir, permitir que el objeto reemplace funciones y actos propios de personas, depende del valor que le dé el usuario y del rol que este le asigne en su vida. El objeto por sí solo no puede interferir en la vida del sujeto ni ocupar un espacio que no le es permitido.

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