ESPAÑA NO TIENE DINERO PARA LAS PENSIONES PERO SÍ PARA MANTENER A LAS AUTONOMÍAS Y A OCHO MILLONES DE INMIGRANTES

Últimamente los jubilados son noticia en España: por fin se han dado cuenta de que son un colectivo importante a pesar del ninguneo constante al que son sometidos por todas las fuerzas políticas del arco parlamentario de nuestro país. Y se han decidido a tomar las calles y protestar reclamando lo que es suyo, lo que han ganado en sus años de trabajo y cotización, con su ahorro y su esfuerzo de años y décadas.

Pero no puedo evitar que esta situación me recuerde el cuento de la moneda. Dice el cuento que una mujer perdió una valiosa moneda de oro en su casa. Alarmada, pidió ayuda a sus vecinas para que le ayudaran a buscarla por el patio. Tras dos horas buscando la moneda, una de las vecinas le preguntó: “Pero ¿estás segura de que la perdiste aquí?”. “No, contestó la mujer, la perdí en la cocina.”. Irritadas, las vecinas le dijeron: “¿Y por qué las estamos buscando aquí entonces?”. Contestó ella: “Porque aquí hay más luz.”

Las reivindicaciones de los jubilados son justas, ciertamente, pero están buscando “su moneda” de manera equivocada, en la geografía equivocada. Reclamarle lo propio a este gobierno, o al precedente o al que sin duda vendrá (tanto monta monta tanto) es tan insensato y errado como la actitud de los protagonistas del cuento citado. Lo que corresponde hacer en este caso es preguntarse cómo y dónde se perdió la moneda y en consecuencia buscarla adecuadamente. Pues esa moneda se perdió cuando estos mismos jubilados entregaron su confianza a los mismos que ahora son objeto de la reclamación actual.

Los jubilados gritan su descontento y su cólera con toda razón, pero si quieren saber dónde está su moneda perdida deberían intentar una reflexión sobre el uso de ese dinero que no llega a sus bolsillos. El despilfarro del dinero público, cuando no la malversación o incluso el latrocinio (legal mediante publicación en el BOE o ilegal en cuentas dobles, comisiones diversas y demás “regalos” a amigos y parientes…) es la tónica general del sistema que nos esquilma a todos. Un único (y reciente) ejemplo: el gobierno anunció hace pocos días el regalo de más de 100 millones de euros a varios países africanos en concepto de “ayuda al desarrollo para combatir la pobreza en los países del Sahel.”

Si nuestros jubilados se preguntan dónde está su dinero, pacientemente ahorrado durante años de trabajo y sacrificios, pues ya lo saben. Se ha ido al corazón de África. El gobierno Papá Noel de España ha considerado que allí es donde debe ir el fruto del esfuerzo de los españoles.

Rajoy nos dice ufano que no hay dinero para las pensiones pero le envía 100 millones de euros al Monomotapa. A ver ¿no hay dinero para los pensionistas, que no reclaman sino lo que es suyo, y lo que es suyo se destina a “ayudar a países africanos”? Que nos lo expliquen. Y sobre todo que los afectados se lo pregunten.

Y no es lo único que nos tienen que explicar, por cierto.

Nos deberían explicar por qué un país como España, que no es precisamente rico, mantiene 17 mini Estados, todos ellos con una legión de cargos, subcargos, altos cargos políticos, duplicidad funcionarial y gastos desorbitados en sedes, consejeros, etc, etc. Son cada vez más las voces que se alzan contra el estado de las autonomías, pero no parece que ningún político esté por la labor de someterlo a referéndum, ni la calle lo reclama en manifestaciones multitudinarias.

También deberían explicarnos por qué hemos traído y mantenemos a tantos millones de inmigrantes. Primero nos vendieron el cuento de que “vienen a hacer los trabajos que los españoles no querían“. La mentira tiene las patas cortas. Coló un tiempo, pero era algo tan evidentemente falso que buscaron otro cuento: “vienen a pagarnos las pensiones“. Ah, pues si venían a pagarnos las pensiones ¿cómo es que ahora, después de 8 o 10 millones de inmigrantes, no hay dinero para pensiones?. Al final ya, cuando ningún cuento era creíble, recurrieron a la solidaridad, a la lágrima fácil, a la sensiblería: “son pobres refugiados que huyen de países en conflicto y buscan un futuro mejor“. Pero el futuro que buscan es a costa de nuestro futuro, ya no hay dudas al respecto.

Nadie puede ser solidario si apenas tiene para sí mismo. Nadie está obligado a ser solidario con el dinero de su pensión, porque se lo ha ganado trabajando y pagando impuestos, y ahorrando, y luchando cada día en la jungla del empleo. Que sea solidario quien quiera y pueda permitírselo, pero no a mi costa. No puedo ser solidario con los extraños mientras haya pensionistas españoles cobrando una miseria. No quiero ser solidario con los extraños mientras se ningunea el trabajo y el derecho a una ayuda a los españoles. Que no me cuenten milongas: eso no es solidaridad, eso es genocidio: se quiere destruir a la población nativa y dar lo suyo, lo legítimamente ganado, a quienes ni han hecho nada por merecerlo ni les pertenece. Si en sus países están mal, que reclamen a sus gobiernos y que pidan mejoras en su país. Pero que no vengan al mío a reclamar lo que pertenece a los jubilados, lo que me pertenecerá en un futuro a mí. Curiosamente, todo lo que exigen en nuestros países, jamás lo han pedido en los suyos.

También deberían explicarnos por qué España ayuda a construir mezquitas en Afganistán, financiar festivales de cine en Perú, bailes tradicionales en Cochabamba o paritorios en Tánger sin haber dinero para los jubilados, sin haber trabajo para los propios españoles. ¿Nos quieren vender eso como solidaridad? ¿Desde cuándo la irracionalidad es solidaridad?

Nos deberían explicar montones de cosas más, pero creo que ya se entiende la idea. Y la idea es que hay dinero para sueldos innecesarios de políticos innecesarios con pensiones que rozan la inmoralidad y el escándalo, y que además, no tienen ni que cotizar como el resto de mortales. Hay dinero para todo el que llega de modo ilegal a nuestro país. Hay dinero para “ayudar” a otros países. Pero no hay dinero para los jubilados.

Por eso digo que los jubilados, aunque hacen bien en reivindicar lo que es suyo, están buscando la moneda en el patio en lugar de donde se perdió: en los consejos de ministros de los sucesivos gobiernos que venimos soportando durante décadas, y en los parlamentos nacional y autonómicos que legislan contra los intereses de los ciudadanos.

Lo primero que tienen que hacer los jubilados y los no jubilados es exigir la suspensión inmediata del Estado de autonomías, y que todos los cargos innecesarios (altos cargos, subcargos, consejeros, consejero del consejero, secretario del consejero, subconsejero, etc etc,), sean eliminados.

Exigir el cese inmediato de subvenciones y ayudas para cualquier proyecto fuera de España con dinero público. El que quiera ser solidario, que dé de su paga y de su dinero. Pero no del dinero de todos, del dinero ajeno. (¿De esos últimos 100 millones de euros regalados por Rajoy a África cuántos de ellos han salido de su bolsillo?)

Exigir que los inmigrantes tengan el mismo trato que los españoles, que no haya discriminación positiva para ellos y que si no cotizan, no cobren ningún tipo de ayuda. Lo dicho. El mismo trato que los españoles. Y ya veríamos entonces si hay dinero o no. Cuando les quitemos las ayudas a todos esos improductivos extranjeros que reciben una paga por respirar y apoyar esquinas en España, tal vez empiecen a salirnos un poco mejor las cuentas.

Todo lo que sea reivindicar sin poner soluciones es como buscar la moneda en el patio cuando ésta se perdió en la cocina. El griterío y las maldiciones son humanamente comprensibles pero no son soluciones reales para una situación que cada vez irá a peor si no hacemos nada por rectificarla y corregirla.

Los jubilados y los no jubilados no deben equivocarse de actitud para hacer frente a sus problemas y asumir la defensa de sus intereses.

En el sistema en el que vivimos tenemos todavía algunas herramientas que por regla general no sabemos utilizar efectivamente. Por ejemplo, el derecho a voto.

No es en la luminosidad tumultuosa de las plazas en donde hay que buscar una efectiva solución al problema de la “moneda perdida”, sino en la soledad del cuarto oscuro a la hora de votar.

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