JUVENTUD Y FEMINISMO

Llevamos cincuenta años haciendo el obituario de las grandes ideologías: izquierda y derecha se han vuelto conceptos equívocos (aunque la gente sigue utilizándolos para reconocerse en el espectro político). Los partidos políticos clásicos pierden afiliados y votantes, y mucha gente encauza sus inquietudes sociales a través de nuevos movimientos: feminismo, pacifismo, ecologismo, economía colaborativa, acción social en países en vías de desarrollo. En principio, estas agrupaciones discurren al margen del eje tradicional izquierda-derecha. Por ejemplo, muchos ecologistas ignoran que el primer Estado que reconoció a los animales como sujetos de derecho y legisló para proteger el medio ambiente fue la Alemania de Hitler. De todos modos, resulta innegable cierta proximidad de esos nuevos movimientos con un talante de izquierda: comparten la denuncia, la lucha contra la discriminación y el ideal emancipador. Es fácil identificar en el varón occidental y capitalista al opresor del tercer mundo, de las mujeres y de la naturaleza. Se sabe que un enemigo común –en este caso, el heteropatriarcado neoliberal– es capaz de aunar diferentes voluntades, lo que aumenta las posibilidades de victoria.

No sorprende que el feminismo gane terreno entre los jóvenes, al menos en el plano de la adhesión teórica. Habría que tener un corazón muy endurecido para  oponerse a la igualdad entre hombres y mujeres. Nuestros jóvenes son “buena gente”, de nobles sentimientos, y vibran con la defensa de los débiles. No obstante, sus declaraciones no siempre van acompañadas de una conducta coherente y la adhesión a esas nobles causas se queda con mucha frecuencia en meras palabras: dedican poco tiempo, trabajo o dinero a ideales que parecían importarles mucho. Y en el caso del feminismo hay un dato inquietante: las encuestas registran igualmente un incremento de comportamientos machistas, que las chicas parecen aceptar sin protestas.

Related News

Comments are closed