EL CONGRESO QUE NOS DA CÓLERA Y POR EL QUE VOTARON MILLONES QUE HOY NO LO DICEN

Es paradójico y lo entiendo, porque en el Perú las cosas cambian con la rapidez de la desilusión y también, con la intensidad de la entrega a ojos cerrados. Se los comento, porque no encuentro a nadie que haya emitido su voto por algunos de los innombrables congresistas que hoy rechazan, caso extraño por cierto.

Que hubo poquitísimos buenos candidatos es verdad, pero no toda la verdad. Los hubo como representantes de opciones y gremios, los hubo como caudillos de un grito de cólera o resentimiento, los hubo en el nombre oculto del narcotráfico, también en representación enmascarada del terrorismo y por supuesto, los que colocando algo o mucho de dinero, les sacaron la vuelta a todos los demás. Así que el cuento que había poco para escoger, no es tan cierto.

En esta lotería electoral, está comprobado que los sapos saltan más, que los avispados son los ganadores y que duele ver la democracia arrodillada a la locura de sentar muchos idiotas para gobernar a millones de personas. Pero así fue y los medios se callaron, muy a su pesar, muy a la ametralladora anti algo que los anima, permitieron que el delito, la estupidez, el contrabando, la delincuencia, el narcotráfico, el terrorismo y algunos pillos tomaran juramento en el nombre de la Patria, sentándose en el Congreso para hacer desbarajuste y medio. No son todos por supuesto, hay pocas luces de decencia e inteligencia por allí, pero las hay.

Así la cosas, elegiste mal y ahora te arrepientes mirando a otros, no pues, así no funciona la democracia, así no fortaleces principios ni valores. Que el congreso es mejor o peor que antes, júzgalo tú mismo, pero no me digas que no es tu culpa. Por eso me pongo a pensar  ahora si somos mejores o peores ciudadanos que antes, comparémonos también.

El congreso nos da cólera, por supuesto, siempre ha sido así, aun cuando algunos nombres que hoy recordamos con elogio nos hacen pensar que mucho antes, sólo gentes honorables lo conformaban.

Mirémonos como ciudadanos de un país donde el engaño nos absorbe, porque no podemos seguir en el discurso del odio contra todo y contra todos, ese malévolo guion de una prensa violenta, anti democrática, totalitaria y resentida. Corregir, mejorar las instituciones  es también nuestra tarea, no se la dejemos a los imbéciles.

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