EL GOLPISMO ENCUBIERTO

El fuego nutrido contra el Congreso tiene tres obje­tivos: impedir que la Comisión investigadora del caso Lava Jato presente su informe final el 15 de este mes; bloquear la aprobación por insistencia de la Ley Mulder; e intentar un golpe de Estado que fuerce elecciones anticipadas.

Los ataques a la congresista Bartra, por lo pronto, son necios. Se le acusó primero de controlar la comisión señalada, pero quedó demostrado que FP ni siquiera tiene mayoría. Luego se critica el costo de la investi­gación: 4 millones de soles, pero no se recuerda el de­rroche de 12 millones de soles de la Megacomisión que investigó el gobierno aprista y que presidió el naciona­lista Sergio Tejada, sin llegar a nada concreto.

Es patético el temor a que se conozca mucho más de lo que ha trascendido del grupo de las constructoras vinculadas a Odebrecht y OAS, entre otras. Hasta es posible que se demuestren los vínculos con bancos, medios de comunicación, periodistas, ONG y una lar­ga lista de políticos y burócratas que se levantaron en peso al país duran­te años.

En la desesperación por impedir ese te­rremoto político, la arremetida contra el Legislativo va de lo brutal a lo ridícu­lo: se critican algu­nos gastos a veces inoportunos, pero finalmente secun­darios, sin advertir que el Congreso no ha variado su parti­cipación en el pre­supuesto nacional, de apenas 0.4 %.

La mermeprensa es la encargada de levantar el humo para que no se apruebe la ley que quitaría la subvención publicitaria a los medios privados, muchos de los cuales están que­brados. El derroche, que permite comprar líneas edito­riales por vía indirecta (¿cómo criticar al que les da de comer?) es de locos, solo en los 600 días del gobier­no de PPK se pusieron avisos por más de 571 millones de soles. Como explica el doctor Juan Mendoza, con ese monto se pudo haber solucionado el problema del agua y desagüe para 300 mil personas o haber cons­truido aulas para 100 mil alumnos.

Los otros complotados son, coincidentemente, la iz­quierda marxista interesada en adelantar las eleccio­nes; los humalistas que no quieren que terminen inves­tigaciones como las de Madre Mía; las ONG y los curas caviares; los corruptos del entorno de Kenji; e increí­blemente la bancada oficialista que odia al presidente Vizcarra y quiere destruir al fujimorismo.

La filosofía de todos estos grupos es sí a la corrupción aunque se rompa el orden constitucional. ¿Puede ha­ber democracia sin Congreso?

Publicado en el Diario Expreso

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