EL GRAN TEMOR DE LA PRENSA DEPENDIENTE DEL ESTADO

Si el Estado subvenciona a una empresa privada, lanzan el grito al cielo, se indignan, presionan al Congreso  de la República, lanzan editoriales furibundos y denuncian esos actos como protección de intereses, lobby contra el pueblo. Pero si se trata de un dinero para sus ellos, silencio en el foro, eso está bien, es un apoyo a la libertad de prensa, dicen.

Ahora lo correcto –dicen- es lo que entra en sus bolsillos de nuestros impuestos, pero cuando eran otros tiempos, donde se inclinaban unos a las dictaduras mientras a otros se les perseguía, calladitos se quedaban.

Los medios de comunicación privados son empresas que deben competir en su mercado para lograr sus objetivos, sea rentabilidad, sean utilidades, sea ejercer como fuentes de poder intermedio, de presión si quieren llamarse o trabajar así. Sus intereses son los de sus dueños, sus accionistas, no necesariamente son los mismos que los de sus lectores. Hasta aquí, todo normal.

El gran problema es que desde hace algunos años se han acostumbrado a crecer y hacer caja con los impuestos, recibiendo millonarias sumas de dinero a cambio de publicidad estatal, a cambio de campañas comunicacionales inciertas, a cambio de prebendas. Y no contentos con eso, se han construido una especie de altar de la verdad por el cual, o desde el cual quieren ordenar el debate nacional y las prioridades de todo gobierno, cosa para extraña.

Ninguna empresa merece vivir del dinero público, siendo privada, menos los medios de comunicación privados, eso sería como favorecer a unos en menosprecio de millones y lo peor, teniendo en cuenta el rol de la prensa, sea escrita, radial, televisiva o virtual, teniendo en cuenta el papel que juegan las encuestadoras y las agencias de comunicación y publicidad, porque hablamos de un cártel informativo muy peligroso si se sirven de esos dineros para manipular a la opinión pública.

La libertad de prensa e información no debe depender del presupuesto del Estado, de los intereses del gobierno, sino de la aceptación de los ciudadanos al elegirlos, al comprarlos, escucharlos, verlos, leerlos o descubrir en ellos transparencia, valores, virtudes, principios rectores y no el camino de un negocio sucio en nombre justamente, de nuestras libertades.

Por eso, exigimos hoy como antes, los medios con sus medios, no con nuestros impuestos.

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