EL LADO CORRECTO DE LA HISTORIA

Se ha convertido en lugar común de los discursos políticos aludir al lado correcto de la Historia. A esta frase suelen recurrir quienes se consideran “innovadores” o “progresistas” y la utilizan para condenar o descalificar a sus detractores por ser históricamente incorrectos y anacrónicos; sobre todo, por no ajustarse a las ideas revolucionarias que proclaman en nombre de la modernidad.

Estos paladines de la actualidad que desestiman a sus oponentes políticos por estar en “el lado equivocado de la Historia” han tomado y aceptado el determinismo histórico marxista donde el poder del Estado abriría camino al paraíso social y político en el cual existiría libertad y justicia para todos por igual. Así, la Historia se convertiría en un mecanismo liberador que a su paso aplasta irremediablemente a los poderosos y a los conservadores que se interpongan en su camino.

Sin embargo, existe otra concepción filosófica que ve a la Historia desde la perspectiva de la humanidad y no de la instrumental. Esta Historia se inicia con la persona y la conformación de la familia, base de la sociedad. Si se conoce la Historia, se aprende lecciones del pasado que nos permiten comprender el presente y el futuro.

Precisamente, con el estudio de la condición humana percibiremos lo que es bueno, justo, verdadero y bello; como las grandes enseñanzas que extraemos de la literatura universal; la belleza en la armonía de las magníficas obras de arte; la grandeza de las gestas y hazañas heroicas que hicieron posible la gloria de las naciones; y por supuesto, apreciaremos lo valioso de aquellos cuyas vidas se caracterizaron por el amor, servicio y sacrificio por el bien de los demás.

La Historia está conformada por el testimonio de personas que a través del tiempo y de sus interacciones nos enseñan los frutos de sus acciones, muchas veces dan ejemplo de los beneficios de hacer el bien y evitar el mal o las consecuencias de no hacerlo.

La Historia con los relatos de las proezas de los héroes, personas que supieron remontar sus miedos y superar sus debilidades, nos inspiran, motivan y animan a imitarlos; fundamentalmente, nos enseñan a respetar y amar algo más trascendente como la vida, la patria, la paz.

Estaremos del lado incorrecto de la Historia sino respetamos nuestros orígenes, descuidamos nuestro patrimonio y desdeñamos nuestras tradiciones; si permitimos que el sistema educativo se asemeje a un adoctrinamiento; si en el currículo educativo y por consecuencia en la educación de nuestros niños, se mantiene el neomarxismo en sus dos vertientes iguales de destructivos, la ignorancia y la hipocresía.

El lado correcto de la Historia no está conformado por fanáticos que enarbolando una bandera multicolor pretenden que nos sometamos a la alienación cultural neo marxista del libertinaje sexual normalizando toda opción de deseo carnal. Tampoco está del lado correcto un Estado que invierte negligentemente los escasos recursos de que dispone en elaborar textos para la enseñanza escolar con graves errores conceptuales, considerando que los niños y adolescentes todavía no han culminado la etapa de formación del carácter, los hábitos y los valores que los van a acompañar hasta su muerte.

Por un lado, no hay que tergiversar la historia hablando de “conflicto armado interno” sino decir la verdad sobre la insania, crueldad y cobardía del terrorismo. Por otro lado, urge impedir la inclusión del enfoque de género en el currículo que introduce el concepto de sexo como una antojadiza construcción sociocultural; en su lugar, hablar de una sexualidad unitiva entre hombre y mujer cuya realización dentro del matrimonio da como fruto una paternidad y maternidad responsable y comprometida.

Quienes estamos del lado correcto de la Historia luchamos por una educación libre de ideologías, quienes en el ejercicio diario de las obligaciones profesionales defendemos los principios de la vida y la familia. Quienes estamos en el lado correcto de la Historia vivimos nuestras vidas ansiando hacer el bien e intentando ser virtuosos al servicio de la verdad objetiva, contribuyendo así para que nuestro país y el mundo sea un lugar mejor, más justo y más hermoso.

No siempre las nuevas ideas son mejores ni todo lo tradicional es caduco e inservible, el bien y la verdad son principios que trascienden fronteras y superan el tiempo. Para decirlo sin rodeos, “quienes tratan de perpetuar el ideal marxista, no están sólo en el lado equivocado de la Historia, están en el lado equivocado de la Humanidad.” (J. Pearce)

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