JEAN-MARC DELLAJUTO QUIERE VIVIR

Desde 1980, el príncipe Leopoldo de Baviera organiza un torneo medieval en su palacio de Kaltenberg, a 40 km de Múnich. La celebración ha ido creciendo cada año hasta  convertirse en el espectáculo medieval más importante del mundo, con  un millar de actores y más de cien mil espectadores. El torneo sigue siendo el núcleo de la representación, y en él compiten jinetes y espadachines. Se suman a la fiesta músicos, bailarines, malabaristas y contadores de historias. Artesanos variados ofrecen sus productos en el correspondiente mercado. El torneo tiene lugar durante tres fines de semana de julio y de su organización se encarga una compañía profesional de acrobacia ecuestre. Desde 2005 lo hace el grupo francés Cavalcade, dirigido por Mario Luraschi.

Aunque las exhibiciones entrañan riesgo, en Kaltenberg nunca se habían registrado accidentes. Hasta el 29 de julio de 2017. Jean-Marc Dellajuto llevaba su caballo al galope, a 50 km/hora. Al intentar hacer una acrobacia salió despedido de cabeza contra la pared de una tribuna. Quedó tendido en el suelo, inmóvil. Además de sentir dolor a causa del traumatismo craneal,  apenas respiraba por tener afectado el pulmón. Pero lo más grave era que no podía mover el cuerpo a consecuencia de la fractura de una vértebra del cuello: se había quedado tetrapléjico. Un helicóptero lo trasladó a Múnich, donde fue operado esa misma noche.

La convalecencia fue muy dura, tanto por la situación objetiva como por las circunstancias del paciente. No cabía mayor contraste con su vida anterior: con tan solo treinta y ocho años, repetidas veces campeón francés de judo, kick-boxing y sambo, trece años en Cavalcade. Hombre de acción, viajero infatigable por todo el mundo: “Hacer de stunt era mi oficio, mi pasión, mi vida”. La recuperación fue lenta y costosa. “Sabía que me encontraba entre la vida y la muerte y sentía el deseo de morir, pero no podía permitírmelo: tengo mujer y una hija”. El postoperatorio se prolongó cinco semanas en el hospital alemán. La mujer de Dellajute, Laura, repartió su tiempo entre la atención de su marido y el cuidado de su hija Lilou, de ocho años, que se quedó en el hogar familiar en la Provenza. Jean-Marc y Laura recorrieron diversos centros de rehabilitación en Alemania y Francia por espacio de diez meses. Ese régimen resultó costoso y una tía de Dellajuto lanzó una campaña para recaudar dinero. Muchos franceses y alemanes ofrecieron su ayuda.

Casi un año después del accidente, Dellajuto ya está con los suyos. Ha habido que adecuar la casa a sus circunstancias: rampas, puertas y demás. Cuenta con una moderna silla de ruedas, que ha costado 35.000 euros, pagados de su bolsillo. La conduce con la barbilla, y con ella maneja también el ratón de un ordenador y el teléfono. Cuando quiere escribir algo, dicta al micrófono. Su mujer y su hija son su principal apoyo y estímulo para seguir adelante. Laura ha organizado su vida alrededor de su marido, siempre cerca de él, atenta a sus necesidades. Como no puede encargarse de todo –sigue trabajando como cosmética-, cada día vienen dos cuidadoras para ayudar. Con una entereza admirable, sabe ver lo positivo de la situación: “Mi marido pasó mucho tiempo fuera de casa. Ahora por fin tenemos una vida de familia normal, los tres juntos”.  Pero la prueba ha sido muy exigente para ella: “He llorado mucho, pero sola, en la ducha o fuera de casa, nunca delante de mi hija”. Superada la prevención inicial, Lilou disfruta de la presencia de su padre: “Antes, papá estaba siempre fuera. Ahora me ayuda cada día con los deberes”. La niña no se atrevía en un primer momento a mirar a su padre a los ojos, pero ahora ya ha aceptado su parálisis. Lo que no sabe es que Jean-Marc se medica a diario para combatir el dolor y que debe sobreponerse una y otra vez a los ramalazos de abatimiento. Echa de menos tantas cosas… No tanto su emocionante vida anterior, sino pequeñas cosas como poder abrazar a su mujer.

Dellajuto no se ha instalado en la añoranza del pasado. Tiene planes y mira al futuro. Con ayuda de su hermana se ha propuesto escribir un libro sobre su experiencia como inválido. También le gustaría rodar una película autobiográfica, para llamar la atención sobre el olvido en que viven tantos discapacitados. Se ha ofrecido a los canales franceses de televisión, pero hasta el momento ninguno lo ha llamado para que muestre su peripecia a la opinión pública. Le gustaría mucho transmitir un mensaje de coraje, enseñar con su ejemplo que siempre se puede seguir adelante, pase lo que pase en la vida. Él no se considera una mera víctima de la parálisis: “Estoy sentado, pero con el ánimo erguido”.

Jean-Marc Dellajuto ilustra con especial intensidad cómo una adecuada atención, médica y humana, ayuda a los pacientes en las situaciones más difíciles a encontrar sentido y a mantener el deseo de vivir.

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