A MIS AMIGOS TODO, A MIS ENEMIGOS LA LEY

Garrafal desliz el cometido hace pocos meses por la Congresista Maria Elena Foronda del partido Frente Amplio, al haber contratado como “Asistente” nada menos que en uno de los más importantes Poderes del Estado, el Congreso Nacional,  a una mujer  llamada Nancy Madrid, ex convicta por terrorismo del MRTA, condenada a 18 años de prisión en el año 1992 junto a su entonces pareja Peter Cardenas, con el que administraba las llamadas “cárceles del pueblo”, diminutas e inhumanas celdas donde entre los años 1984 a 1996 terminaron secuestrados y extorsionados muchos empresarios -hombres y mujeres inocentes- cuyos “derechos humanos” violados y mancillados parecieran hoy de menor valía o lejanos en la memoria de muchos.  Y solo para no olvidar, mencionar como parte de esta historia a ciudadanos como Jose Onrubia Romero, Jorge Benavides de La Quintana, Julio Ikeda, Hector Delgado Parker, Hory Chlimper y decenas más.

No menos preocupante resulta el evidente desliz de Rocio Silva Santisteban, autora del artículo “El terruquismo histérico” publicado en el diario La República, quien no aparece sólida en sus convicciones, por lo menos no cuando pretende presentarnos públicamente a una ex convicta por terrorismo, largamente encarcelada por el Poder Judicial, no solo como una mujer “cordial, correcta, trabajadora y preocupada por cumplir las normas”, sino además como una mujer que aparentemente delinquió por amor, como si ello la eximiera de culpa, y tildar a la vez de “caza de brujas” a lo que describe como  “histeria desatada, terruquismo a mas no poder, aullidos de los troles y convulsión de ciertos periodistas”, refiriéndose a quienes condenamos firme y claramente el terrorismo y la violencia que sufrió nuestro país, y quienes desconfiamos por cierto y somos escépticos además, de la novel inocencia de los excarcelados, creando una confusión atroz.  La autora resulta evidentemente selectiva en la aplicación de los “derechos humanos” que unos pueden y otros, parecieran privados de tener.

Así, la misma señora Silva Santisteban escribió en sendos artículos como “Impunidad en Campaña” (febrero 2011) en el que expone su peculiar tesis sobre lo que al parecer es “su” defensa de los derechos humanos:  Por un lado, se pregunta si se debería indultar a Alberto Fujimori por la precariedad en su estado de salud, contestándose a sí misma que “NO” (no hay derechos humanos para un enfermo encarcelado y menos si se apellida Fujimori) y señalando enfática que no se puede amnistiar a personas que han sido sentenciadas por “secuestro agravado” y que más bien, se debería considerar “defender los derechos humanos de los miles de afectados por las vejaciones a los mismos” (se refiere a las cometidas por Fujimori, en este caso), cambiando radicalmente de opinión en octubre del 2011, cuando escribe su artículo  “¿Los asesinos son humanos?”  expresando su posición en defensa de los “derechos humanos” en este caso de un violador, asesino de una niña inocente de 6 años, señalando que este acto “inhumano” de asesinato no  descalifica al criminal como “humano” y añadiendo benévolamente que el individuo en cuestión, sigue teniendo derechos, preguntándose a continuación  “¿Por qué los que defendemos (se incluye obviamente) los “derechos humanos”, nadamos contra la corriente, como salmones de un rio cada vez más revuelto? Concluyendo con la frase: “que la justicia sea tal, y no solo venganza”.

Curiosa reflexión y conclusión que me lleva a preguntarme ¿cuáles derechos humanos van primero en la lista: los de quienes sufrieron la vejación, dolor y tortura de un secuestro terrorista, o los del actor despiadado y frio que los llevo a cabo y que, concluida la pena, pide perdón y desea reintegrarse a la sociedad?.  Me pregunto con curiosidad cuál sería la posición de esta señora cuando  -solo por ejemplo- el hombre que trató de quemar viva a Eivy Agreda cumpliera su sentencia, saliera en libertad y pidiera perdón (como ya lo hizo) por su conducta.  ¿Sería benévola con él y tildaría de “histeria desatada” a quienes entonces protestaran por su eventual contratación como profesor de una escuela pública al interior del país? La verdad no lo sé.  Pero les dejo el tema para larga reflexión.  Lo cierto es que el “terruquismo” y la verborrea sin par de quienes enarbolando la bandera de los derechos humanos, “humanizan” los pecados de unos en desmedro de los de otros, sorprende y me recuerda la inolvidable y magistral frase que se atribuye al Mariscal Benavides: “A  mis amigos todo, a mis enemigos la ley”.

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