DEBATE MUNICIPAL NO MOVERÁ LA AGUJA
Análisis

DEBATE MUNICIPAL NO MOVERÁ LA AGUJA

Dos temas merecen la reflexión de las autoridades del JNE, de los líderes de los partidos políticos y de los vecinos de Lima, después del domingo 23 de septiembre.

El primero tiene que ver con esta entelequia absurda y de caricatura que el máximo ente electoral nos invita a presenciar si queremos tener un “voto informado”.

El Domingo último, promocionado día de debate, debe haber sido uno de los más intrascendentes en la historia política electoral del Perú. No se si habrá una forma de medir verazmente el rating televisivo de esa noche, pero creo que poquísimos electores aguantaron el penoso espectáculo.

Quienes intentamos seguir el debate, de la mitad de los candidatos a la alcaldía de Lima, porque la otra mitad la veremos el próximo Domingo 30, encontramos una real imposibilidad de escuchar alguna propuesta.

No entiendo bajo qué lógica se armó una estructura con tal desorden que simplemente hizo imposible la fijación de alguna idea. Pretender que se puede dar una visión de Lima en un minuto, o una propuesta sobre seguridad ciudadana o transporte, en igual tiempo, más parece el deseo de dar una apariencia de democracia o pluralidad cuando en realidad termina siendo, en los hechos, una burla para la propia democracia, para los electores y, sinceramente, para una ciudad como Lima que supera los 10 millones de habitantes.

La verdad no se quien está peor, si el JNE que creó este remedo de debate o si los representantes de los partidos que aceptaron el formato.

Francamente, que poco respeto para con los electores, los candidatos, los partidos y para con la ciudad.

El segundo tema tiene que ver con la inasistencia de dos candidatos. Creo que debatir es un rigor de la democracia, pero tengo que coincidir con Belmont y Reggiardo, en el sentido que algunos de los otros candidatos vulneraron, mucho antes del debate, el Pacto Ético firmado y, sobre ello, el JNE no dijo una palabra.

El artículo primero del Pacto Ético señala que todos los candidatos se compromete a:

“Practicar los valores y principios democráticos y constitucionales durante la campaña electoral, donde la ética y la moral guíen la conducta cívica de los participantes, coadyuvando a que en las elecciones predomine el respeto recíproco entre las y los candidatos y las organizaciones políticas, descartando cualquier tipo de violencia, agresión, insultos y ataques personales, garantizándose un clima transparente y pacífico en torno al proceso electoral”.

Lo que hemos visto por medios y redes no es ni ético, ni cívico y menos pacífico o respetuoso.

El Dr. Enrique Bernales, a quien respeto muchísimo, ha dicho sobre Reggiardo ““Lo que hemos decidido es hacer público que la conducta del señor Reggiardo implica una violación del compromiso adquirido, en el sentido de participar en estas actividades de difusión a favor del proceso electoral. Aquí si hay algún perjudicado, es el elector”.

Quizá tenga razón, pero el Dr. Bernales no ha dicho nada sobre los insultos contra Reggiardo y Belmont, ni contra Lucho Castañeda Pardo, Daniel Irresti, Diehtel Columbus, etc. La puesta de perfil del JNE perjudica no solo a los electores sino a todos los ciudadanos.

Esta campaña ha sido de baja intensidad mediática, pero una de las mas ruines en insultos y calumnias de todo calibre. El JNE parece que lo olvidó, no lo vio o estuvo demasiado concentrado en organizar el esperpento del domingo pasado.

Da la impresión que para el máximo ente electoral su “imagen” se afirma con los debates televisivos, pero que a la hora de exigir el estricto cumplimiento de TODO lo firmado es totalmente light.

Así que, faltando 13 días para las elecciones, si de mover agujas se trata, el debate no creo que mueva un ápice y, al parecer, terminará favoreciendo a los que no van o a los que decidan debatir por su lado, sin insultos y con estructuras más simples y lógicas, y bien lejos de los formatos del JNE

25 septiembre, 2018

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