CALICHINES PARLAMENTARIOS

En la Constitución de 1993, que aun nos rige, se determinó que nuestro Poder Legislativo, que, hasta el 5 de abril de 1992, había sido bicameral, con Senado y Cámara de Diputados, pasase a ser unicameral, bajo la nominación de Congreso de la República.

Ni con la bicameralidad ni tampoco con la unicameralidad, se abolió la reelección parlamentaria, pues siempre se entendió que debería ser el ciudadano elector quien decidiera si un parlamentario seguía en el cargo o concluía su gestión al terminar el período para el cual inicialmente fue electo.

Como la ciudadanía en general, anda harta con el actual Congreso, sea ello por la poca calidad exhibida por muchos de sus componentes, sea por los escándalos a que ya nos tienen acostumbrados y que compiten con los acontecidos en el CNM, en el Poder Judicial, en el Ministerio Público y en otras instituciones del Estado, el Presidente de la República, subiéndose al popular carro de la indignación ciudadana, ha planteado una reforma constitucional para que los parlamentarios no puedan ser reelegidos.

La propuesta suena bien al oído, pero no necesariamente al intelecto, pues no hay razón válida para que no exista reelección parlamentaria, que por lo demás, normalmente no ha superado al rango del 25%, y porque si observamos, la generalidad de los reelectos son los más apreciados, los de mayores conocimientos, los con reputado renombre y normalmente los más eficientes en la tarea parlamentaria.

¡Qué hay malos parlamentarios! Claro que los hay, pero ello es por la responsabilidad de los Partidos Políticos que les dieron su símbolo y apoyo, y los avalaron ante la comunidad, para ser elegidos al Congreso. La responsabilidad de los Partidos está compartida con los electores que no supieron elegir bien, y ahora se rasgan las vestiduras como si es que no tuvieren culpa en el desaguisado.

La solución a la situación parlamentaria descrita ¿es la no reelección?  No lo creemos, pues nadie puede garantizar un Congreso en que no existan personas experimentadas, sea eficiente, lúcido y responsable.  Pues no señor, necesitamos un Congreso en que se combinen parlamentarios con experiencia y eficiencia y, otros, que sin experiencia congresal lleven nuevas ideas y aggiornen la actividad parlamentaria.  Experiencia y músculo, pero no solamente lo último.

Pensar en la no reelección parlamentaria y excluir tal posibilidad de la Constitución, en el fondo sería tener un Parlamento con únicamente calichines. Para jugar partidos de fondo necesitas indispensablemente experiencia comprobada, a nadie se le hubiera ocurrido llevar al reciente Campeonato Mundial de Futbol, en Rusia, a los de la Sub 16, pues por más buen perfil que tengan, carecen de la experiencia debida.

Novatos en el Parlamento, por supuesto, todos lo hemos sido, pero novatos solamente, ni se les ocurra, sería más irresponsable que haber elegido a los que solo calientan asiento en el Congreso y, cuando no, son por sus acciones los más perniciosos y quienes desacreditan a nuestro Parlamento.

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