FRATERNA SOLIDARIDAD

Cuando tienes graves problemas, ¿a quién recurres? La respuesta es evidente, a quienes tienes más cercanos y ellos son la familia, después amigos y, probablemente, y en último lugar, los extraños de buen corazón.

En lo que se refiere a naciones sucede lo mismo, buscas la cooperación de los que consideras familia, con los que hay lazos de origen, históricos, culturales, idiomáticos, religiosos y hasta podríamos decir raciales.  En nuestro hemisferio los más cercanos en países latinos, indudablemente son los otros latino americanos.

En estos tiempos en que hermanos de Venezuela huyen, ya por millones, de la dictadura que impuso Hugo Chávez y su discípulo, muy aplicado en el mal, Nicolás Maduro, recurren por lógica cercanía a otros países latinos del continente, tanto en América del Sur y del Centro, e igualmente México en el Norte. No se piensa en países de otras lenguas por la brecha idiomática y menos por las amenazas constantes del Gobierno Norte Americano de Donald Trump, contra todos los que son inmigrantes.

Es comprensible la diáspora venezolana por la represión.  Quienes quieren de vuelta la democracia real y no solo formal de elecciones amañadas, huyen de su país agobiado por la escasez de alimentos y de medicinas, de carestías, de falta de oportunidades laborales y de exposición a turbas insensatas que siguen los mandatos de Maduro, sin comprender que más que maduro está podrido.

Los venezolanos a quienes nos referimos, muchas veces dejan a sus familias en el país llanero, en ánimo de poderles hacer remesas económicas cuando consiguen trabajo y sustento en los países que los acogen con solidario comportamiento.  Su sufrimiento se agrava con la distancia impuesta por el realismo, respecto de sus familiares que quedaron en el terruño.

Como en toda colectividad, entre los emigrantes venezolanos, encontraremos muy buenas personas, de altos y sólidos principios morales, de laboriosidad comprobada y, también dispuestos a brindar su colaboración en los países de acogida. Evidentemente, habrá también de los otros, los antisociales que se la quieren llevar fácil, con actuación fuera y contra de la ley y, que prefieren el caminar delictivo antes que el que impone la legalidad y buenas costumbres.  Estos últimos felizmente son los menos.

Cuando miles de peruanos se vieron obligados a abandonar el país, no por persecución sino por falta de oportunidades laborales, sucedió algo parecido, surgieron los antisociales que dejaron mal el nombre del Perú, sobre todo en Argentina, Chile, España e Italia, entre otros países, pero no por ello las naciones que les abrieron sus puertas y corazones, pusieron a todos los peruanos en el mismo saco de indeseables.

Hoy en el Perú, nuestras autoridades han empezado a caminar hacia atrás en la relación con nuestros huéspedes venezolanos, luego de haberles dado condiciones de ingreso y hospitalidad nunca antes vista, y este retroceso es por el mal comportamiento de algunos de ellos.

La solución no es poner trabas para el ingreso de los buenos, sino en ser selectivos para que no vengan indeseables antisociales, y que los peruanos recuerden que está vigente el dicho popular: hoy por ti y mañana por mí.

 

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