LA CRISIS DEMOGRÁFICA QUE SE NOS VIENE: ¿QUÉ HACER?

Si bien nuestro país se encuentra aún en fases iniciales de un proceso progresivo de envejecimiento de la población, considero que este es un camino inexorable. El Perú será un país de jóvenes sólo hasta el 2030. Se acaba el bono demográfico.

Los datos que muestra el excelente libro “El Porvenir de la Vejez: Demografía, Empleo y Ahorro” (María Amparo Cruz Saco, Bruno Seminario, Favio Leiva, Carla Moreno y María Alejandra Zegarra de la Universidad del Pacífico) así como los recientes resultados del Censo de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), son contundentes: El envejecimiento de nuestra población será una realidad en el mediano plazo y el Estado y los ciudadanos tenemos que empezar a afrontar este tema desde ahora.

La población mayor de 65 años, se elevará progresivamente del 10.5% en el 2015, al 30% en el año 2050 y al 59% en el año 2075. Esto complicará la capacidad de financiamiento de las pensiones de las personas mayores por parte de los jóvenes que trabajan, pero además tendrán un impacto relevante en aspectos tales como la legislación del trabajo, seguridad social, inversiones, comercio, sistema financiero, entre otros. Todo tendrá que ser repensado.

La investigación identifica dos aspectos positivos en el proceso: a) Tenemos tiempo para afrontar la problemática pues el cambio drástico no se dará sino hasta después del año 2030 y b) Las personas mayores vamos a vivir más tiempo. La esperanza de vida ha subido a 72 años en el caso de los hombres y a 77 en las mujeres, es decir, una persona que cumplió 65 años de vida en el 2015, tiene una esperanza de 7 a 12 años adicionales en relación a las mismas personas en el año 1950. Se estima que el año 2050, la esperanza de vida de los peruanos alcance los 79 años.

En cuanto al mercado laboral, se evidencia que el Perú tiene un grave problema de falta de empleo formal y de calidad para los jóvenes que se incorporan al mercado laboral. La explicación está en nuestra estructura productiva. La publicación señala que hemos pasado de ser un país con una economía agraria y extractiva (1940) a uno de servicios (2015), sin haber pasado por un desarrollo manufacturero o industrial, que caracterizó a los países avanzados y a la OCDE.

El problema derivado de este fenómeno es que los servicios incorporan en gran proporción los trabajadores independientes, fuera de la Planilla Electrónica. Nuestra Planilla Electrónica sólo registra 4.4 millones de trabajadores que contribuyen a la seguridad social, de un total de 16 millones de la PEA. Es un mercado de trabajo dual: Los trabajadores dependientes, generalmente son formales y los independientes y autoempleados, generalmente son informales.

Por tanto, el sistema de pensiones tiene una restricción estructural, pues se financia de aportes de trabajadores dependientes y no de los independientes, en los cuales la legislación indica que es voluntario.

Los especialistas recomiendan tener programas de apoyo a la seguridad financiera de las personas mayores durante el retiro. ¿Cómo? a través de esquemas de financiamiento distintos a las contribuciones salariales actuales. Esto es más urgente pues la estructura de edades del Perú en algunos años se va a parecer a un rombo, similar a un país europeo. Esto es importante mencionar, pero difícil de aplicar en la práctica, pues, por ejemplo, la propuesta de hacer obligatoria algún tipo de aporte de los trabajadores independientes fue rechazada masivamente y no se ha vuelto a insistir en el tema, pese a su importancia.

Recomendaciones

Para cumplir nuestra meta como seres humanos de tener una vida larga, que sea saludable, productiva y de calidad (“llegar a viejos, lo más jóvenes posible”), requerimos un cambio de visión relevante en por lo menos tres aspectos:

Primero, la jubilación no debe verse con “miedo” o “temor” sino más bien con “esperanza”. Es una oportunidad para disfrutar de aquellas cosas de la vida que uno no pudo quizá disfrutar en la edad laboral. Se trata de una nueva etapa que, para disfrutarla, es fundamental planificar y prepararse para ello desde etapas muy iniciales, especialmente en cuanto al cuidado de salud y generar alternativas de ingresos, más allá de solo una relación laboral. Desde el Estado, se requiere plantear nuevas políticas públicas en esta materia.

Segundo, la educación financiera (¿Cómo manejar mejor nuestro dinero?) y la cultura previsional (¿cómo ahorrar para la vejez?) son elementos claves, que deben posicionarse en la mente de las personas. Se requerirá un esfuerzo sistemático del sector público y privado en cuanto a educación financiera que nos ayude a lograr una cultura previsional en los jóvenes. Es decir, que los jóvenes sepan cómo puede modificar su vida favorablemente si ahorran para su pensión o si buscan nuevas alternativas para financiar los años de vejez.

Tercero, las empresas privadas deberían asumir un rol proactivo para que las personas planifiquen su futuro. Las empresas podrían ofrecer a sus trabajadores educación previsional, educación financiera, y acompañarlos en las mejores decisiones en esta materia. De esa manera, también se evitará aquellos casos donde las personas se queden laborando más años de lo usual en las empresas por el miedo a la jubilación, afectando el recambio generacional en las empresas.

En conclusión, lo que hagamos desde hoy, como personas o como responsables de políticas públicas, será crucial para afrontar la nueva realidad de esta nueva estructura demográfica. Para que la vejez tenga porvenir, citando el título del libro, debemos articular un trabajo coordinado entre el sector público y privado. Este es el momento.

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