LA VERDAD HA SIDO SECUESTRADA

La crisis política y de las principales instituciones del Estado (Poder Judicial, Ministerio Público, Consejo Nacional de la Magistratura) que nos perturba e indigna a diario, por la enorme corrupción evidenciada, no debe ser oscurecida ni trastocada por otros componentes que confluyen y se mezclan sin el menor cuidado ni atisbo de búsqueda sincera de la verdad de los hechos.

La guerra sin cuartel, por cuotas de poder entre los Poderes Ejecutivo y Legislativo por un lado y los medios de comunicación y ONGs por otro, nos pone a los ciudadanos en medio de la Torre de Babel, donde cada uno tiene su propia verdad, donde nadie se entiende y en consecuencia, todo es incierto y sospechoso.

La verdad, entendida como la coincidencia entre una afirmación y los hechos, está manipulada, sesgada y parcializada, que nos es difícil entender y menos creer a rajatabla todo lo que los medios nos quieren vender como  ciertos.

Hoy dependiendo de la afinidad política, con el personaje, es perdonable o no mentir (Presidente-Fiscal de la Nación); es bueno o malo que los lideres políticos conversen en público o en privado (Martin-Keiko); es legal o no que se filtren videos y/o audios (Mamani-Gorriti).

De igual manera, se asume como verdad sacrosanta el dicho de los “colaboradores eficaces” o como mera afirmación de un potencial delincuente,sin valor probatorio, dependiendo a quien perjudica o beneficia. Los favores indebidos, también son relativos según el personaje, pueden ser faltas éticas o graves delitos, incluso las reuniones sociales pueden ser pruebas de “crimen organizado” o mera casualidad; el conocer a personas investigadas te pueden hacer cómplice o inocente víctima; todo ello dependiendo si se es amigo o enemigo del personaje en cuestión.

Todo lo dicho es posible, en un país, donde la ética profesional es solo un recuerdo, donde la objetividad es un espejismo y el apego a la verdad es una utopía. Donde los medios de comunicación sustituyen a los Partidos Políticos y los comentaristas a sus lideres. Donde “el juicio y la sentencia mediática” convierte al Debido Proceso Judicial en mero trámite confirmatorio.

Esta realidad no es sostenible y sin temor a equivocarme terminará mal, las consecuencias serán calamitosas para nuestra endeble democracia y sobre todo, para el bienestar de las personas, que depende de las inversiones, que por cierto serán esquivas, mientras no se restablezca la seguridad jurídica, el estado de derecho, la confianza y los principios de orden y autoridad.

Los  “líderes políticos”, los lideres de opinión, la clase política en su conjunto, los empresarios y la intelectualidad acallada y ausente del debate, tienen que hacerse presentes, tienen que levantar su voz, tienen que estar a la altura de las circunstancias y asumir con dignidad y valentía la gran responsabilidad que les compete y el país les demanda.

 

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