¿SECRETO? JA JA JA

Desde hace varios lustros, los ciudadanos, pero principalmente los estudiosos del Derecho, hemos estado abocados a buscar fórmulas que permitan equilibrar dos derechos fundamentales.

Uno el derecho a la intimidad, privacidad, tener campos de interés en que nadie se meta, otee o husmee y que se pueda pensar sobre ellos que están vedados al conocimiento de terceros, manteniendo por ello el carácter de secreto o, por lo menos, reservado. Se ha llegado incluso a dictar normas para proteger bancos de datos.

Otro el derecho a estar informado de todo, o por lo menos de casi todo, para lo cual, principalmente las autoridades, deben transparentar sus acciones y decisiones, encargándose en cada repartición pública, algún responsable de tener al día el portal o página web institucional.

Los amantes de proteger la intimidad y tener campos fuera de la vista o la escucha de terceras personas, deben estar muy preocupados, pues sea por el avance tecnológico o sea por la cada vez más despreocupada vocación de las personas a mantener altos estándares éticos, viene perdiendo vigencia, por lo menos en la práctica, el derecho a la intimidad.

El avance tecnológico hace que desde satélites sub métricos, se puedan visualizar personas y el lugar en que se encuentran. Con simples teléfonos móviles pueden saber terceros el lugar de localización de otra persona que porte celular; y ni que decir de los que a distancia pueden escuchar conversaciones reservadas de terceros que dejan encendidos sus celulares. Lo que me cuentan los entendidos, es más preocupante aun, pero no quiero causar pánico.

Peor que el avance tecnológico es la falta de ética, de cada vez más grupos sociales, en que incluso el famoso congresista Mamani, sería niño de pecho, o como dicen los del norte chico: chancay de a veinte. El tema alcanza ribetes graves, cuando las autoridades, que deben ser respetuosas de las normas legales, pretenden violentar el secreto profesional.

Pero lo que ya llega a la indignación de quienes respetan el Derecho y su expresión normativa, como es la Ley, es observar como bajo la digitación de que algún asunto es de interés público, se inmiscuyen y hasta divulgan conversaciones íntimas que nada tienen que ver con el interés público, aunque si con el interés de inescrupulosas personas que están detrás de la miseria humana, para convertirse en modernos Catón y beneficiarse con el famoso rating.

Muchas veces, hasta las altísimas autoridades de la República, no sé con qué intención, cometen el desatino de poner cizaña, con el recurrente accionar de hablar y de escribir en condicional, con lo que si bien pueden calmar conciencias, siempre se hace daño pues quedan las dudas a los oyentes y a los lectores sobre el comportamiento de las personas aludidas en sus expresiones insidiosas.

No olvidemos que todos tenemos derecho al buen nombre, al prestigio, a la reputación y a la dignidad personal, siendo muy fácil atentar contra ellos, cuando no se tiene el cuidado de investigar primero y hablar después.

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