DÉJALO IR…

Cuando aprendemos a convivir con el dolor que causa una pérdida, sea de un familiar, amigo, ser querido o la pérdida de tu país, todo fluye mejor.

Sé que no estoy descubriendo el agua tibia, lo único que sé es que ser desprendido con muchas cosas me ha ayudado a llevar varios procesos.

Uno de estos proceso es el migratorio. Sí, este camino que emprendí hace varios años y que aún transito con todo lo que ello implica.

Hasta hoy fue que me di cuenta que lo que me ha ayudado a llevar esto, además de Dios y mi familia, ha sido el desprendimiento.

Sí, desprendimiento de sentimientos, arraigos, paradigmas, pensamientos, actitudes y aptitudes. Aún falta por desprender, pero, eso es poco a poco.

En este día a día, suelo ver y leer sobre personas que están viviendo procesos y a muchas de ellas les cuesta llevar las cargas que la vida les pone. No soy quien para juzgar ni criticarlos, pues no sé qué están pasando.

Sin embargo, me permito escribir esto para que, si gustan, intenten desprenderse de lo que no los deja avanzar.

Por ejemplo, hay muchos venezolanos que estamos fuera de nuestra tierra por la terrible crisis que hay. Somos millones los que salimos hace poco, hay otra parte que salió hace mucho de Venezuela.

A los que recién migramos nos cuesta más desarraigarnos de todo eso que dejamos en Venezuela, no solo lo material, hablo de familia, amigos, recuerdos, en fin, nuestras vidas.

Si bien es cierto que esto es un trance que ocasiona ansiedad, tristeza, depresión, rabia, odio, ira, melancolía, entre otros sentimientos; también es cierto, que este paso nos lleva, obligatoriamente, a tomar decisiones cruciales, que, o nos ayudan a salir del fondo o nos hunden más.

Aquí es cuando el desprendimiento o desapego cobran valor y fuerza y pueden hacernos la vida más llevadera. Ojo, no digo que dejemos de recordar, querer, sentir, ni mucho menos olvidar.

De lo que hablo, es poner de lado muchas de estas cosas que nos restan energía y vitalidad y no permiten que nos enfoquemos en el hoy, en el ahora.

Sé que Venezuela es un infierno y muchos solo podemos ver las llamas sin poder hacer mucho. Pero también sé que como no podemos hacer mucho, debemos invertir esas energías en lo que somos ahora.

No somos los mismos de antes. Somos otros, vivimos en un constante cambio y transformación. Debemos entender, debemos adaptarnos.

Estamos en tierras extrañas, prestados, refugiados, exiliados, como quieran llamarnos. Ya eso es difícil, por eso no debemos meterle más carga al camino.

Los muros y las barreras muchas veces las ponemos nosotros. La mente es fuerte y lo que proyectas, eso será. Que tus muros en el camino sean un escalón y no un obstáculo.

Aún me falta para un desprendimiento total de muchas cosas como dije más arriba, pero en el camino peleo a diario para ir apartando eso que no me deja seguir.

El ayer te hizo lo que eres hoy. El hoy es el ahora. Vive, enfócate, despréndete, atrévete. Mañana, veremos…

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