MOMENTO DE LA VERDAD

Supuestamente la ciudadanía está indignada por el aluvión de destapes vinculados a actos de corrupción, evidenciados con especial énfasis los últimos meses, comenzando con Lava Jato y terminando con los audios de la vergüenza.

Estos destapes, vinculan a los tres niveles de gobierno (Nacional, Regional y Local), así como a todos los poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) de manera directa o indirecta, en menor o mayor grado. Llegando al extremo de que la gran mayoría de los ciudadanos gritan a los cuatro vientos “que se vayan todos”.

La indignación generalizada no debería quedar solo en emotivas manifestaciones callejeras, alardes mediáticos y opiniones recogidas en sendas encuestas; se suponía que tendrían un correlato racional de responsabilidad ciudadana. En democracia la forma de lograr el objetivo colectivo de que se “vayan todos” es no elegirlos.

La democracia como forma de gobierno pretende que, vía representación, los ciudadanos elijan a sus representantes, para que estos en nombre del pueblo gobiernen el país, las regiones y los municipios. Para ello se requiere escoger entre varias alternativas (pluralismo) a aquellos que por su trayectoria y capacidad serán los mejores gestores del aparato estatal en beneficio de la sociedad y el bien común.

Si bien es cierto que en países como el nuestro, con baja cultura cívica y alta tolerancia al engaño y la corrupción, en reiteradas ocasiones elegimos más por consideraciones emotivas, publicidad y dádivas; suponíamos que en esta ocasión, después de la indignación general, las cosas podrían cambiar y aún lo creemos aunque, para ser honestos, con menos convicción que hace algunas semanas.

Dicen que de los errores se aprende, en consecuencia ya debemos tener absolutamente claro que no podemos elegir a personas que no tengan un testimonio de vida probado y comprobado, ejercer la función pública no es nada fácil, se requiere preparación, experiencia, equipo y liderazgo. Hay candidatos que reúnen estos atributos y aún más, son probadamente personas honestas. Pero también hay de los otros, aquellos que en su trayectoria no tienen historias de éxito que hablen bien de ellos y no son más que oportunistas, demagogos y muy presumiblemente corruptos o aspirantes a ello.

Aquellos que mintieron u omitieron información en sus hojas de vida; aquellos llenos de denuncias, investigaciones fiscales o procesos judiciales; así como los que despliegan campañas millonarias sin acreditar la fuente de financiamiento, no deben merecer la confianza de los electores.

El próximo Domingo será la hora de la verdad, espero que como sociedad hayamos aprendido de nuestros errores, eligiendo sobre todo a personas honestas que hagan de nuestras ciudades espacios para ser felices.

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