REFORMA POLÍTICA

Como si fuera gran cosa, el Gobierno ha planteado al Poder Legislativo una reforma política consistente en dos aspectos, el primero regresar al bicameralismo que tuvimos hasta el nefasto 5 de abril de 1992, y el segundo terminar con la reelección parlamentaria.  Para ambos temas se han presentado los correspondientes proyectos de enmiendas constitucionales, y el Ejecutivo pretende que el Congreso los apruebe, así sea a trompicones, no más tarde del 4 de octubre para someterlos a referéndum, cosas que el Congreso aprobará apresuradamente y, sin dudas pero con murmuraciones, como si la Ley de Leyes, nuestra Constitución, pudiera ser tratada como papel de reciclaje.

En fin, el momento político en que estamos inmersos, hará posibles ambas enmiendas, por cierto sin el debido debate, pero en fin, así está la situación, aunque creemos que las reformas de hoy serán enmendadas en el futuro.

Si se tratara de reformar el sistema político, deberíamos meter diente en la Ley de Partidos y en la legislación electoral.  No es posible que tengamos un sistema con tantos partidos y organizaciones políticas, pero no solamente por su excesivo número, que pudiera haber sido por el interés ciudadano en la participación política, pero deplorablemente no es el caso.

Tenemos partidos políticos con licencia de la autoridad electoral para existir, pero lo más importante, participar en las contiendas electorales de nivel nacional, regional y local, empero un número significativo de las organizaciones políticas inscritas en el Registro de Organizaciones Políticas del Jurado Nacional de Elecciones, no participan en procesos electorales por mero cálculo de probabilidades, pero les mantienen vigente su inscripción hasta que decidan buenamente participar en algún comicio.

También contamos con partidos, igualmente con licencia de la autoridad electoral, que luego de iniciado el proceso electoral, retiran a sus candidatos, también por cálculo de posibilidades.  Han participado en las elecciones, pero se retiraron antes de la fecha de ellas.  Pese a haber participado, la autoridad electoral los considera como que no hubieran participado en nada, e indebidamente les mantiene como vigente su inscripción en el Registro de Organizaciones Políticas.

Pero existe una situación muchísimo más grave que las expuestas, como es que los partidos sirvan como “vientres de alquiler” o franquicias, cediendo el uso de su inscripción y símbolo a candidatos sin partido, lo cual adicionalmente atenta contra los más elementales valores éticos.  Esto tiene que ser proscrito pues la presencia en partidos tiene que ser acorde con sus principios y programas y no solamente con un criterio utilitario.

Deberíamos, adicionalmente, agiornar el desempeño de los partidos, propiciando la utilización de las tecnologías de la información, como puede ser el voto electrónico para sus procesos internos, las asambleas no presenciales, las comunicaciones colectivas y tantas otras aplicaciones del avance tecnológico.

Como vemos, la reforma política no puede circunscribirse al financiamiento de los partidos, a la existencia del Senado y a la no reelección parlamentaria, hay mucho más.

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