LA DIFERENCIA ENTRE GASTAR E INVERTIR
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LA DIFERENCIA ENTRE GASTAR E INVERTIR

El Estado en sus tres niveles de gobierno así como en las innumerables instituciones y empresas públicas gasta o mal gasta ingentes recursos, no se trata si es poco o mucho, lo importante es la calidad del gasto y el retorno del mismo, es decir la rentabilidad social que produjo. Si genero valor o no, sirvió para tener mejores ciudadanos desde la perspectiva cultural o por lo menos cívica, es la gran pregunta.

En lo que va del gobierno, como en los anteriores, solo el Poder Ejecutivo a gastado en “Publicidad e Imagen Institucional” más de Mil Millones de Soles y que yo recuerde, no se ha realizado ninguna campaña sostenible y menos exitosa, en relación a valores fundamentales, como orden, respeto, tolerancia, integridad, cumplimiento de normas, rechazo a la corrupción o discriminación; tampoco de hábitos alimenticios o saludables en general.

Así mismo, en “Servicios de Consultoría y Asesoría” el Poder Ejecutivo ha gastado más de Dos Mil Quinientos Millones en dos años y medio. Lo lamentable de este gasto es la falta de resultados, ninguna reforma relevante se puede destacar. El Estado está lleno de líneas de base y diagnósticos, infinitas páginas que se acumulan, empolvadas y amarillentas. En la mayoría de casos, no se utilizan, ni sirven para tomar decisiones inteligentes; los funcionarios no los piden para informarse, si no para protegerse, es decir, para que sus decisiones estén respaldadas por estudios o informes de profesionales o empresas de prestigio y así, poder justificarse ante las eventuales arremetidas de la Contraloría y en su caso el Ministerio Público y el Poder Judicial.

La corrupción es una pandemia generalizada e institucionalizada a lo largo y ancho del Sector Público, pero lo trasciende, el Sector Privado no es muy diferente. En realidad es una enfermedad social, cuyos síntomas no se perciben y en muchos casos son asumidos con normalidad. La corrupción causa repudio, cuando involucra a autoridades y políticos embarrados en grandes coimas, pero la corrupción de baja intensidad, aquella que involucra a la gente de a pie en su día a día; en los colegios, las universidades, los municipios, los secretarios de juzgados, los policías y un enorme etcétera, no es de gran preocupación para nadie.

La corrupción no solo se combate con leyes y penas elevadas impartidas por un sistema judicial probo, estas medidas sancionan los hechos consumados, se requiere prevenirlos; lo realmente importante, es cambiar la mentalidad de los peruanos, es un tema cultural, de educación y formación en principios y valores, desde el hogar y subsidiariamente en la escuela, el Estado haría bien en auspiciar y gastar (invertir) parte de los Dos Mil Millones anuales que se gastan en publicidad, imagen, consultorías y asesorías, en esta materia.

Reorientar los recursos públicos, hacia gastos más eficientes, de mayor rentabilidad social y que contribuyan a tener mejores ciudadanos, sin lugar a dudas el costo-beneficio será positivo.

Claro, no hay lonche gratis, ganará el país y perderán las cofradías de medios de comunicación, empresas consultoras y estudios de abogados, pero bien vale la pena comprarse el pleito.

20 enero, 2019

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