DEL BUEN PROPÓSITO A LA TRISTE REALIDAD
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DEL BUEN PROPÓSITO A LA TRISTE REALIDAD

Es costumbre en muchos países, y entre ellos el Perú, nominar a los respectivos años con algún nombre o frase que constituya un buen propósito como Nación o una meta por alcanzar.

Al revisar las denominaciones de los últimos años, deplorablemente y por lo general encontramos un claro divorcio entre el buen propósito y la triste realidad.

En la revisión mencionada nos sorprendió ingratamente la denominación del 2018 como “Año del Diálogo y la Reconciliación Nacional”. Muy loable propósito, pero al finalizar tal año observamos con pesar que solo fue un buen deseo muy ajeno a la realidad.

Necesitábamos y seguimos necesitando diálogo, pues con él se relacionan las personas, encuentran caminos apropiados para llegar a metas comunes e incluso mecanismos y herramientas para ello. No olvidemos que para los creyentes la facultad de hablar que nos otorgó el Altísimo no solo es para expresarnos, sino para comunicarnos y entendernos.

El pasado año no ha habido el diálogo esperado entre los actores políticos, representados o no en el Congreso de la República, y el Poder Ejecutivo. Se requería sobre todo del diálogo para superar las fricciones habidas entre las agrupaciones de Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Fujimori, Peruanos por el Kambio y Fuerza Popular, originados en la campaña electoral del 2016, en que ambos aspirantes a la Presidencia tenían muy similares posibilidades de éxito, pero en que lamentablemente hubieron frases subidas de tono que generaron malestar y resentimientos.

El diálogo, era querido por la ciudadanía, aunque nunca hemos tenido convicción de que lo fuera por los líderes políticos involucrados, más allá de algunos encuentros protocolares sin consecuencias positivas.

En el Congreso sucedía algo similar, se hablaba, pero no se comunicaba ni tampoco se dialogaba, pues no basta expresarse sino intercambiar posiciones y existir ánimo de entendimiento para llegar a decisiones de consenso, que no impliquen necesariamente imponer la mayoría de votación, que es el último recurso por emplear.

Si bien en lo que se refiere al diálogo, no se puede exhibir éxito, tampoco se lo puede exhibir en el segundo propósito que fue el de la reconciliación. Hemos llegado a un nuevo año y la reconciliación brilla por su ausencia, y nos atreveríamos a afirmar que la situación de rencilla se ha profundizado, que la crispación ha aumentado y que los ciudadanos estamos menos predispuestos a la tolerancia y a buscar un horizonte de respetos mutuos para encaminarnos hacia el desarrollo y la prosperidad.

El año 2019 ha sido denominado como “Año de la Lucha contra la Corrupción y la Impunidad”. Dios quiera que en enero del próximo año no nos estemos lamentando que no se cumplió con el deseo y todo sigue igual por falta de diálogo y reconciliación, precisando que la lucha contra la corrupción es obligación de todos, debiéndose sancionar a los culpables con severidad pero a los investigados tratarlos bajo las reglas de la presunción de inocencia que manda la Constitución, pues las honras dañadas son difíciles de restañar.

21 enero, 2019

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