INDOLENCIA
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INDOLENCIA

En varias oportunidades hemos criticado a nuestras autoridades por sus carencias en la atención de desastres naturales, además de los ocasionados por obra humana.

Entre los desastres naturales a los que me refiero se encuentran los desbordes de ríos, los huaycos, las inundaciones con interrupción de vías de comunicación y destrucción de obra pública y privada, sabiendo por lo demás que los estragos que produce el famoso fenómeno del Niño son cíclicos y recurrentes y, sin olvidar que estamos en zona sísmica y, que si bien todavía no hay como detectar con precisión cuando soportaremos nuevos sismos de elevado grado de peligrosidad, si sabemos que ellos se van a producir más temprano que tarde.

Entre los desastres ocasionados por obra humana tenemos la deforestación, los estragos de la minería ilegal, los relaves expuestos en lugares inadecuados y, sin olvidar, los atentados contra el oleoducto, cada vez más continuos, y ellos por la extorsión de algunos pueblos originarios y nativos, que perforan el oleoducto, causan derrames de enorme daño al ecosistema, simplemente para presionar al Estado para obtener prebendas, tanto justas como de las otras. La reacción del Estado es cero, si cero, no hay ningún detenido y las colectividades de las zonas por las que discurre el oleoducto siguen con su chantaje y acción destructora.

Las deficiencias en la reconstrucción del norte, luego del llamado Niño Costero de hace dos años, son imperdonables, no solo por la falta de acción pese a contarse con los recursos financieros necesarios, sino por no sancionar la normatividad y protocolos por los que se pueda enfrentar la reconstrucción con normas extraordinarias que no pueden ser las de tiempos de tranquilidad. Igual como se requirió leyes para enfrentar el terrorismo sin tantos remilgos, también se requiere normatividad extraordinaria cuando hay desastres.

Pero más allá de la improvisación e ineficiencia de las autoridades en general, excepción hecha de Fuerzas Armadas, Policía y Bomberos, para actuar frente a los daños ocasionados por los fenómenos naturales, tenemos también la indolencia. Lamentablemente muchos siguen con su diario trajín y con olvido de la situación de calamidad, simplemente no les interesa un pito o les interesa muy poco y, lo que ya causa indignación es cuando se ve simplemente a funcionarios para la foto. Pura hipocresía.

Hemos oído a autoridades locales clamando por quince días o más, el envío de tractores y, las autoridades superiores encargadas de atender los requerimientos, casi todas padeciendo de “otitis colectiva”, pero peor, ni solamente no oyen, sino que tampoco deciden ni menos ejecutan, quedaron inmóviles.

Incluso causa desasosiego que previéndose más lluvias y huaycos, nuestro Presidente haya preferido los oropeles del reino de España y las atenciones de Portugal, que sea dicho de paso no tenemos mayor comercio con él, a mostrarse solidario con los damnificados. En fin, como decía el Quijote: “Cosas veredes Sancho”.

11 marzo, 2019

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